miércoles, 2 de septiembre de 2009

Bajamar


Bajamar
Sergio Pérez Portilla

Sí, tengo que aceptar que aún me parece, a media tarde en mi portal, percibir tu inquieto andar de media calle y de desenfado, y todavía creo sentir cómo flotas en derredor mío y me abrazas con dulzura y me besas con candor.
Estuve hace poco en la casa de la playa, y salí a caminar descalzo, dejé que la brisa me despeinara y que el olor a agua salada me introdujera en bellos recuerdos. No escribí nada sobre la arena. Nadie lo iba a leer. Tampoco recogí conchas ni piedras que el mar arrojó cerca de mí. Reté al sol, y me paré frente a él. Huyó en el horizonte, sangrante pero majestuoso. Y vi la luna que tanto me recuerda a ti, que trae a mi mente tu voz diciendo mi nombre, tus labios delicados, tu pelo de cascada nocturna, tu presencia toda.
Así estuve, de pie, hasta que la madrugada me invitó a volver adentro, y entonces caminé descalzo, con la brisa y el olor a agua salada.

sábado, 22 de agosto de 2009

Calor

Calor
Sergio Pérez Portilla

Los días así, en que estampidas de ideas galopan en mi mente y en mis nervios, en que enjambres de recuerdos clavan su ponzoña en mis sienes, en que el olor a alcohol impregna toda esta habitación, los días así son batallas perdidas en mi vida, victorias del desamparo y de la tristeza.
El universo que me falta, el incendio que me consume, el frío que me cala, la sombra que me irrita, la tormenta que me sigue. Tengo mis manos vacías y mis viejas historias son nada.
Los días así se tornan insoportables, más aún que mis noches en vela, más aún que la sed no saciada.
Los días así bien podrían ser, cualquiera de ellos, mi último día, y seguro no habría diferencia notable.
Pero los días así llegas oportuno, como ahora, y conduces a buen resguardo mis ideas y mis recuerdos, limpias el aire con tu perfume y llenas de sonrisa mi momento haciéndolo duradero y dándole sentido. Y esos días insoportables se convierten en tertulia donde dos viejos conocidos charlan de la vida, y de lo bueno que es vivirla.


viernes, 14 de agosto de 2009

Idas

Desconcierto
Sergio Pérez Portilla

Hiciste de la luna morada de nuestros sueños, memoria de nuestros besos y candil de nuestros paseos. Recuerdo nuestras caminatas vespertinas cuando, tomados de la mano y con risitas tiernas, me dabas golpecitos y yo te devolvía un abrazo, y te cargaba y juntos bailábamos en el aire y luego, no estoy seguro de quién tomaba la iniciativa, pero respondíamos al beso del otro. Creo que nacía de los dos al mismo tiempo cuando nuestros ojos se atrevían a hablar y nuestras voces callaban.
Hablábamos de lo lejos que viajaríamos y de lo cerca que estaríamos siempre. Hablábamos de nosotros, no de ti ni de mí. Hablábamos de la flor y de los retos.
Hoy la luna sigue hermosa, pero ya no es casa habitada ni testigo ni cómplice. Hoy ya no bailo en el aire ni beso como antes. Hoy ya no estás. Y por eso no me gusta hablar de distancias porque sólo conozco la tuya. Y no me pesa la soledad, lo juro. Me pesa el que tú no estés aquí. El silencio que llenabas con tu perfume hoy se llena con pesares, y las flores se marchitan esperando que vuelvas, cosa que nunca, estoy seguro, nunca harás.

martes, 11 de agosto de 2009

Reflejo

Personal
Sergio Pérez Portilla

Mis palabras son el heraldo de mi sentir y de mi pensar, de mi decisión. En ellas se condensa, como el granizo en los nimbos, mi valor y mi cobardía, la esperanza y la fantasía, y la absurda seriedad de la vida vivida y de la vida por vivir.
Mis palabras son pétalo y espina, tinta invisible en papel aire, hielo y brasa son, veneno que mata o cura, visible camino al desconocido interior, simiente, primicia y color.
Por ellas, por mis palabras, puedo inventar y destruir, avanzar o retroceder, dar el calor del abrazo al amigo lejano y recordarle cuánto lo quiero y que siempre lo querré. ¡Con ellas soy capaz de tantas cosas, que me sigo asombrando de poder hablar!
En ellas, mis palabras, he encontrado hoy un aliento y un escondite donde refugiarme y descansar. En ellas me veo a mí mismo, son espejo de mi alma, imagen de mi necesidad y fruto de mi saciedad. En ellas me puedes encontrar.

viernes, 7 de agosto de 2009

Fuga

Fuga
Sergio Pérez Portilla

Voy a hacer que los rayos de la perla de los cielos se vuelvan redes y te atrapen y no te dejen volar, y voy a recorrer tus labios sin prisa, con mis ojos cerrados y con una azucena en mi mano. Guardaré cada contorno tuyo en el viento vagabundo y matinal, y así vendrá tu figura a despertarme y al mismo tiempo me hará soñar. Estarás a mi lado.
Cuando los brazos de la esfera que mengua y crece te liberen, le diré a tus alas que te lleven a casa y te guarden de los extravíos, pero si no me escucharan o simplemente se confundieran, te prometo ir en pos de ti, seguiré tu rastro que flote en el silencio y derribaré los secretos que te escondan y te hagan sangrar.
Y cuando estés de nuevo frente a mí, volveré a declararte mi amor, y esperaré tu sí con ansias, aunque tarde cien vidas en venir.

martes, 4 de agosto de 2009

A-gusto

Orquídea
Sergio Pérez Portilla

Recorro con nostalgia la empedrada que conduce al silente hogar de las orquídeas. Cada paso me acerca más al ayer, me aleja más del hoy y me envuelve más en fantasías, esas irreverentes compañeras de la esperanza y del deseo.
Un pequeño grillo salta a un lado del camino, donde las piedras encuentran reposo duradero, donde la hierba puede crecer sin ser pisada, donde las tristezas mudan su apariencia y se entretienen con las orugas y sus lentos andares.
Una tropa de hormigas va de un lado a otro con suma perfección, con sus verdes cargas que a veces las esconden y no me dejan verlas. Y repiten su paso como el reloj las horas y los minutos.
Esta vieja empedrada siempre me hizo imaginar que el lago que bordeamos era guarida de míticos monstruos y origen de leyendas. Pero siempre ha sido sólo un lago.
Estoy a tres pasos de la cerca que limita la casa de las orquídeas, y con las manos en las bolsas volteo para ver la empedrada que hasta allí me ha conducido, y la nostalgia me recorre silente.

lunes, 27 de julio de 2009

Pilares

Pilares
Sergio Pérez Portilla

El tiempo pasa tan sutil como inevitablemente, sin pedir permiso, sin avisar, únicamente avanza con su modesta paciencia y su eterna falta de altivez. Recuerdo a mis amigos de la infancia. Hoy ya casi no los veo, pero aún están impresas las aventuras que juntos vivimos, nuestros secretos siguen escondidos en las calles y en las bardas, y sus nombres todavía están escritos en el corazón.
Al evocar mi ayer también se presentan los antiguos amores, aquellos que con sus besos pueriles dejaban más dudas que certezas, o aquellos de la juventud que hicieron despertar nubes y embarcaciones, y llenaron los días de lluvias y de gris, de magia y de sol. Todos ellos me ayudaron a entender que hay en el hombre un misterio posible de conocer pero muy difícil de comprender.
Hoy conservo algunos amigos y tengo otros nuevos, por quienes haría las bromas más estúpidas con tal de conseguir una sonrisa suya, por quienes hago de la noche camino y de nuestros minutos un tesoro, por quienes me alegro de su alegría y también con quienes comparto su aflicción.
Y hoy, hoy también tengo un nuevo amor, un amor que hace de mis días música, milagro, color, magia, lluvia y sol.

Inmortal

Inmortal
Sergio Pérez Portilla

La historia verdadera es maestra vital, con su memoria de centurias que es jardín de vivencias y lienzo multiforme y multicolor. La historia verdadera no se consigna en los libros, porque no habría espacio suficiente para guardar la totalidad de lo acontecido en cada persona y en todo lugar. La historia verdadera se lleva en la sangre y en la tierra, y cada hijo es guardián y posesor de la sabiduría perenne, y cada árbol se alimenta de las vidas y de las muertes, de las glorias y las traiciones, de las lluvias que unen cielos y mares, de las lágrimas que unen hermanos y madres.
La historia verdadera no se define como lo que pasó, sino como lo que está pasando, que es a la vez iluminado por las semillas del pasado y por los frutos anhelados del porvenir. La historia verdadera es más que palabras, es actitud, es provocación, es celo, es alegría, pureza, errores y amor.
Es en esta historia verdadera en la que vivimos, soñamos y recordamos. Es en esta historia verdadera en la que caminamos con tesón, resbalamos con dolor, aprendemos con madurez, y descansamos recostados en el pecho del ser amado, escuchando su corazón, arrullados por el tiempo que corre y que trae luz y oscuridad, soles, lunas, certezas, dudas y un sincero palpitar.

jueves, 23 de julio de 2009

Traducción

El tercer presente que nos hace Lupita. El original es Olvidar, y aquí vemos su mano en mi letra, su letra en mi idea, pero mi asentimiento a este texto que ha hecho suyo y que ahora nos comparte. ¡Gracias, como siempre, Lupita!



Forget
Sergio Pérez Portilla
Traducido por Lupita García

It's being a constant battle without relaxing for a second. It's being restless days, my feet are tired and my hands dried.
My back seems to carry a thousand souls each second. I would have invited you to paint that old cottage in the corner and there we would have painted our destiny, our future...
I had to look at one million faces to forget yours, I had to listen to one million voices to pull you out from my soul, to pull out the voice I really liked to listen to. I had to be hidden myself from the nights and the mornings in order not to think about you anymore.
I had to convince myself with illogical arguments that you were nobody and never would be...
But I succeeded, I reached success; despite tiredness, being wounded, tears and the rain. I did, I truly did. You are not the first one who comes to my mind each morning. Neither my first dream nor the first word nor the first vowel of the letter which was never handed to you.
I did, although I spent my whole life, I spent it and a little bit more.
You are not the first one who comes to my mind each morning, anymore.

miércoles, 22 de julio de 2009

Bosques, bosques


Seguro
Sergio Pérez Portilla

Creo en tu existencia, ninfa, porque te he visto en cada ocaso y has sabido seducirme, porque me has hablado con la noche y con el día, con la llovizna, con las nubes y con las ramas, y tus sortilegios han hecho efecto en mi cordura.
Creo en tu belleza, ninfa, porque las aves de más puro canto y de majestuoso plumaje han sido tu estandarte, porque el invierno ha sido emisario de tu primavera, porque tu vestido fue bordado con hermosas flores y sabrosos frutos, porque tu guirnalda es envidia de princesas y sirenas.
Creo en ti, pequeña mía, creo aunque estés lejos, aunque sólo pueda ver tu rastro delante de mis pasos, aunque no haya más sentido que tu lógica, diferente a la mía, diferente siempre. Creo y no importa que nadie más lo haga, yo sé que existes, sé que eres bella, sé que eres para mí.

martes, 21 de julio de 2009

¿Necesarias?

Despedidas
Sergio Pérez Portilla

Me ha sorprendido el nuevo día despierto, sentado en el sofá, con mis manos sosteniendo mi rostro y mis piernas soportando mi edad, y con una mirada que a gritos anuncia nostalgia y pesar. Aún no logro entenderlo, y creo que sigo esperando que cruces el umbral.
El eco de tus pasos al salir es poco comparado con el recuerdo de tu gracia al llegar, y quizá por eso mismo me lastima más. Frases que se volvieron veneno dulce que tortura peor pero mata igual. Espacios enormes, esperanzas pequeñas, la casa llora, el viento abofetea, el calor se va, triste oscuridad, salvaje desazón, y me pregunto qué debo hacer, y llevo horas intentando contestar. Nada.
Nada, ni siquiera los rayos dorados, ni los grillos ni las aves ni las horas, sólo esta maldita incertidumbre, esta angustia que me quita toda paz, confusión que desborda ansiedad, soledad que está por llegar. Nada, sin ti nunca habrá nada más.

viernes, 17 de julio de 2009

Papalotl


Morfo
Sergio Pérez Portilla

Tu pasado está escrito en la selva que nace allá abajo, muy al sur, donde los ríos claros y los ríos negros se unen, donde los peces nadan entre los árboles, donde la piel y la tierra se confunden y se identifican.
Has llegado después de mil vidas a estas tierras, has dejado poco a poco la noche y has comenzado una vida con el sol, y a cambio le has regalado tu azul profundo, de cobalto y metal, de rayos y escamas.
Naces única entre iguales, y tu vida va tomando su rumbo, desde la más absoluta necesidad hasta la más inquieta libertad. Llegarás a ser hermosa, y tus colores poblarán árboles y sueños. Las frutas serán tu alimento, y tú serás motivo para los amantes y para los viajeros.
Sé que volarás, sé que hay en ti un llamado, sé que debes hacerlo. Anda, que así sea, pero déjame sonreírte una vez más.

miércoles, 15 de julio de 2009

En este momento

Solaz
Sergio Pérez Portilla

Descansas en mi regazo, y la noche quieta y callada, con las velas que perfuman la alcoba, es el perfecto fondo de la pintura que somos tú y yo. Somos obra de un artista que crea prodigios, que se toma su tiempo, que nos regala el nuestro, que a cada trazo produce nuevas realidades. Artista de nobleza, de sencillez, de transparencia y de generosidad. Somos creación suya.
Me acaricias y me haces feliz, y beso tu mano y toco tu rostro, y paso mis dedos entre tus cabellos, intentando obtener de ti la sonrisa que conozco y que me hace tanto bien, esa con tus ojos cerrados como cuando me besas, con tu gesto de confianza serena, tu sonrisa de bienestar.
En este momento soy capaz de abarcar lo infinito, de comprender cualquier misterio, de alcanzar la perfección, y todo porque hago realidad esa posibilidad de amar en libertad, sin temores que opaquen la seguridad sobre la que me he sostenido, sin temblores que muevan mis sentimientos o mis pensamientos. En este momento, justo ahora, lo puedo todo, porque tú estás aquí.

martes, 14 de julio de 2009

Brisa

Importancia
Sergio Pérez Portilla

Tienes en tu cintura la brevedad del parpadeo, la elegancia del colibrí, la templanza del artesano y el dorado de los sueños. En ella, tu cintura, se condena a la impaciencia y se recompensa a la armonía, se concentra tu historia y se dispersa el desconcierto, nace mi mañana, descansa tu fuerza, brotan los renuevos y anidan los anhelos.
No hay saber en el mundo que logre explicar el contorno de tu cuerpo, ni momento que logre retenerlo, ni color que pueda pronunciarlo más. No hay adorno que te embellezca más que tu sonrisa, ni hay canción que te describa mejor que tu silencio. Ninguna suavidad se compara con tu piel bañada por el atardecer, con tu gesto cuando piensas, con tus labios cuando acaricias, ni con tus brazos cuando me ciñes y me dices que deje de escribir y que te vuelva a enamorar.

jueves, 9 de julio de 2009

Letras

A voces
Sergio Pérez Portilla

A sabiendas del riesgo que implica decirte lo mucho que me gustas, te escribo esta pequeña carta. En ella no irán regalos costosos –así que ya deja de buscar en el fondo del sobre–, no habrá esmeraldas ni perlas, ni collares ni anillos. Tampoco habrá frases melosas –creo–, a menos que me digas dónde dejaste mi corazón cuando te lo regalé tibio y palpitante apenas vi tu luz de preciosa princesa…
No, la verdad es que en realidad me gustas, y tu rostro no sólo es delicia de las mañanas mortecinas, ni tu silueta es únicamente la brecha sanada por la paz y la calma. Me seduce tu aroma, me intriga tu ausencia, me incita el desconcierto en tu semblante, la malicia de tus ideas y la pretención de tus acuarelas. Me gustas no porque eres como yo quisiera, sino porque eres justo como quiero que seas. Me gustas porque no te importa el crepúsculo en sí, tanto como caminar con él. Me gustas porque llegas cuando pienso que no lo harás, dándome calor ingente. Me gustas porque apresuras el paso y escondes las respuestas. Me gustas porque eres hermosa paloma y caricia de terciopelo.
Y así podría enumerar cada parte de tu cuerpo, cada momento de tu día, cada epifanía de tu interior. Y así podría seguir, perseguir e inventar. Y así podría acrecentar mi fruición en ti, lo podría. Pero esta pequeña misiva debe terminar, justa nota de la canción de mi vida. Te dejo un abrazo, esperando verte pronto. Adiós.


martes, 7 de julio de 2009

Tú


Póstumo
Sergio Pérez Portilla

Te extrañaré como la ceniza a la llama, a medianoche leeré las coplas que por ti escribí, las gritaré al lucero que rabioso busca su lugar, como yo te busqué a ti. Te ampararás en tus cerros, te internarás en ellos y quizá te pierdas, y yo te extrañaré aún más porque sabré que ninguna expedición te podría localizar, aunque tu tañido sea incesante, aunque tu presencia sea evidente, aunque tu rastro sea patente, habrá vestigio pero nunca te podré alcanzar.
Todo me recordará los lugares que no conocimos, los momentos que perdimos, los secretos que no dijimos, las verdades que disfrazamos de mentiras para no creerlas, las lágrimas que nunca lloramos, las sorpresas que jamás nos dimos.
Olvidaré tu forma de hablar, tu manera de andar, tu locura al vivir, tus caricias, tus gestos, tus abrazos, tu denuedo y tu compartir, y olvidaré tu nombre también.
Pero sabré que te extraño cuando vea al cielo y cuando baje la cabeza, cuando escuche el silencio o cuando corra mi corazón, lo sabré perfectamente cuando respire y cuando, como por arte de tu misma magia, pueda volver a dormir, a volar, a escribir.

domingo, 5 de julio de 2009

Léelo, por si ayuda

México no está conforme
Sergio Pérez Portilla

Cada vez que se realiza una jornada electoral, en estos últimos tiempos, la dinámica sigue siendo la misma: promoción hasta el hartazgo de los partidos políticos, que prefieren regalar playeras, paraguas, gorras, y algunos otros artículos publicitarios (¡claro!, ¿o acaso se trata de apoyos para el desarrollo individual que se manifieste en el colectivo? No. Son eso: publicidad) a buscar el diálogo sincero, el análisis de la realidad y la consecuente toma de decisiones basada en dicha lectura; luego, la descalificación mutua entre partidos; además las encuestas preliminares (con las que luego se abanderan los candidatos no electos, como si todos los encuestados hubiesen ido a votar); y por último, y no tratando de agotar el tema, está el voto del pueblo, que puede ser razonado, no razonado, o no emitido. Lo que nos interesa es hablar precisamente de este último punto: el voto.

El voto razonado es el mejor. Está basado en el conocimiento y en la comprensión de las propuestas de los candidatos, pero también se toma en cuenta el desenvolvimiento y la coherencia que ha tenido el partido que lo avala, sin llegar a emitir juicios condenatorios. Pero el voto razonado tiene algunas malinterpretaciones: existe el voto razonado basado en la conveniencia personal, en el cual, aunque se conozcan las deficiencias de las propuestas, se emite debido a que si resulta ganador dicho candidato (a veces lo es más por el partido) habrá una consecuencia favorable para el votante, aunque esto no implique en absoluto que haya una mejora para el país o para la localidad. Aquí encontramos a los “militantes” de hueso colorado. Otro error es el anular el voto, y explico por qué: quien lo defiende dice que se ha estudiado las propuestas y que ninguna es suficientemente buena, o que los candidatos en realidad no harán nada, o que los partidos buscan su conveniencia. Vamos aclarando el panorama: ninguna propuesta es en realidad buena para nuestro México, porque no hay al momento un solo partido que en sinceridad y honestidad busque el bien común dejando en último lugar (y no digo en segundo) el bien propio. Si siguiéramos esta ideología, entonces nunca deberíamos votar. Algunos más dicen que anular el voto es una forma de expresar la inconformidad de los ciudadanos con respecto a los gobernantes y sus prácticas egoístas. Pero, ¿es que acaso hay alguien que dude que estamos inconformes? ¡Claro que no! ¡México no está a gusto con sus dirigentes, y eso no es novedad para nadie! Y anular el voto, opino, no es la mejor opción en este día. Es cierto que hay que levantar la voz, pero no de esta manera, porque si el órgano encargado de controlar las elecciones tuviera una propuesta de con cierto número de votos anulados declarar desierta la convocatoria, y pedir otra vuelta con nuevos partidos y nuevos candidatos, con propuestas diferentes, entonces yo invitaría vehementemente al voto anulado. Pero no es así, no está contemplada una alternativa.

El voto no razonado, por otra parte, es el de aquellos que llegan sin conocer a los candidatos ni sus propuestas, pero que “cumplen con su deber cívico y hacen uso de sus derechos” al elegir a los próximos gobernantes. Si el voto razonado tiene sus bemoles, el no razonado es un volado, donde lamentablemente es más fácil equivocarse que atinarle.

Por último el voto no emitido, o el famoso y tan de moda abstencionismo. Es resultado de muchas cosas: lagunas mentales temporales (¿era hoy? ¡Se me olvidó!), exceso de trabajo durante la semana (¡no, hoy tengo que descansar!), don de clarividencia (¿para qué si ya sé que va a ser lo mismo de siempre?), entre otros. Una disculpa, pero no pude evitar los sarcasmos. El abstencionismo en realidad es una forma de dejar la responsabilidad propia en hombros de otros, y si esos otros no eligen con madurez, ¿cómo podemos quejarnos si nosotros mismos lo provocamos? Es un problema serio, porque no se logra ver (y me refiero únicamente a aquellos que pudiendo votar no lo hacen, no a aquellos que queriendo no pueden, porque no es regla general que querer es poder) que somos seres en relación, y de hecho estamos en una íntima relación con nuestros compatriotas. Lo que afecte a México, por mucho que me cueste verlo, me afecta a mí.

La invitación que podríamos hacer es esta: conocer las propuestas y en consecuencia votar, pero no dejar el proceso ahí, sino evaluar el trabajo realizado, haciendo lo que nos corresponde –que sería exigir a los elegidos, nunca decirles ganadores, que cumplan, porque la patria cada vez lo reclama más, y una gota derrama el vaso, y trabajar en conjunto con ellos–, para por una vez celebrar como nación soberana e independiente los resultados que nos den la dignidad de ciudadanos, y no celebrar simplemente los resultados de los comicios.

sábado, 4 de julio de 2009

Ahora

Suyo
Sergio Pérez Portilla

Cuentan los árboles que hace mucho le vieron pasar por aquí. Era pequeño y verde, como las manzanas, y veloz, como la imaginación. Dicen que sólo se detuvo un momento, posándose en las ramas del viejo almendro, viendo las flores extasiado, en un momentáneo arrebato que preñó de trinos los años posteriores, y después siguió su viaje hacia la ruta del sol, porque había nacido con él.
Siglos más tarde, un joven ciprés, grácil e ingenuo, aseguraba haberlo visto también. Iba rumbo a las montañas. La nieve resaltaba su presencia, y él a su vez hacía que todo brillara, y no había secretos.
Quienes lo han visto lo recuerdan como si apenas unos minutos antes lo hubiesen contemplado. Su huella no es simple sombra en la memoria, sino presencia duradera. Son muchos los que han sabido de él, y muchos también lo han defendido de los ataques de los rapaces predadores.
Yo lo vi un par de veces, incluso en alguna ocasión se detuvo en mi casa, y por eso lo busco. Su presencia regalaba confianza, su porte era firme, sereno, seguro. La verdad era su canto, la justicia su fragancia, se vestía de sinceridad y en sus pequeños ojos se reconocía la esperanza. Estoy seguro de que se presenta sencillo en este mundo porque nada podría contener su majestuosidad, y para que todos podamos admirarlo sin ser cegados por su luz verdadera. Yo lo he visto, y por eso lo busco.

miércoles, 1 de julio de 2009

Deudas


Honores
Sergio Pérez Portilla

Canto a la tierra y a las posibilidades, rutas del encanto y de la ensoñación, sendas que aguardan el trajinar de mis hermanos, viandantes como yo de estos lares.
Le canto a la vida sin fronteras, tal como en el principio, a las puertas abiertas, a las alas que el polluelo bate mientras ve al sol y al cielo, al manantial que brota franco y abundante, a la danza que comienza con mi cuerpo y sigue con mi espíritu hasta liberarme con ambos.
Le canto a la semilla que gozosa se adentra en el suelo fértil y se deja abrazar por la eternidad con su muerte, a la memoria que nos enseña del futuro lo que ningún destino ha escrito, a la letra que no dicta sentencia, que no condena ni juzga, la que no tiene miedo a ser verdad.
Le canto a la mujer y le canto al hombre, criaturas complejas que se unen de forma misteriosa y natural, excelsa y cotidiana, seres paradójicos, deseados, anhelantes.
Y canto también, sincero y humilde, al que en su sabiduría me enseñó a amar cantando, a cantar amando.

martes, 30 de junio de 2009

Me preguntas

Mi respuesta
Sergio Pérez Portilla

Por la perfecta expresión que encuentro en ti al atardecer, por tu pelo que cae en tus hombros, cascadas oscuras de luz invernal, por tus ideas sobre la vida, brisa y tormenta, genio y necedad, por tus mejillas encendidas y por tus pasos a veces tan inciertos, por tus manos que no se resisten a las mías, ¡y bailan con ellas!
Por las horas que hemos pasado sentados, esperando, viendo, escuchando, queriendo, consiguiendo, planeando, derrumbando, callando.
Por las llamadas, como la de esta mañana, que me liberan y me hacen sonreír, que me emocionan y me ponen eufórico, y por las noticias que aún hoy, después de tantos versos, me siguen tomando por sorpresa.
Por tu forma de abrazarme, por tu manera de acariciarme, por tus intentos fallidos y por tus batallas que me envuelven.
Pero sobre todo, así, así de verdad, sobre todo porque estoy seguro que sin ti no sería yo, sin ti no me podría explicar, sin ti no sabría qué escribir. Por ti.

jueves, 25 de junio de 2009

¿Sabrá?

Pausa
Sergio Pérez Portilla

La encontré libando, ocupada y despreocupada. La vi por siglos y por siglos me sedujo, y su falta de premura me mostró sin dilación la sabiduría eterna. ¡Cómo me cuesta disfrutar lo que tengo! ¡Cómo me obstino por volar y no por saborear mis pasos!
Seguí viéndola en su rito, ¡qué grandeza hacer de un acto tan común un momento tan sublime! ¿Habrá notado ya mis pensamientos? ¿Sabrá que su figura engalana y adorna el espacio? ¿Sabrá que escribo por ella? ¿Sabrá que me ha conquistado?
Ha terminado de beber, sólo ha tomado lo suficiente, ni un poco más. Ahora se prepara para volar. ¿Y yo? Creo que practicaré lo aprendido. Sublimaré lo común, me ocuparé de lo mío en lo justo, adornaré con mis actos el espacio, disfrutaré esta pausa… y después me prepararé para volar.

miércoles, 24 de junio de 2009

Como la primera vez

Perceptio
Sergio Pérez Portilla

Cada vez que oigo tu voz vuelvo a enamorarme de ti, regresan los nervios y las sonrisas espontáneas, la respiración entrecortada y el gusto por soñar despierto, cada vez que oigo tu voz vuelvo a ilusionarme…
Tu voz es melodía de las montañas, es armonía de tus ancestros, herencia de las noches que ocultaron las lunas y las cambiaron por eras, es el eco del océano, del mar que llega a la playa, es néctar y savia, es motivo de mis intentos.
Tu voz en la mañana cura mis desvelos, calma mis dolencias y extravía y recupera mis navíos. Tu voz de manantial me cautiva y me libera, me ilumina y me eleva, me regala huertos, trinos, frutos, delicias, portales, juegos y primaveras.
Por oír tu voz podría esperar lo doble de lo que me pides, si estuviera seguro de escucharte después. Pero preferiría que no cesara tu voz de llenar la casa, que no cesara de maravillar mi vida, que no dejara de avivar mi pecho, que no acabara de dibujar la línea. Preferiría oír tu voz, y así volver a enamorarme de ti.

lunes, 22 de junio de 2009

¿Nostalgias?

Mía
Sergio Pérez Portilla

Cuando eras mía, yo era para ti. Tú soñabas y yo estaba ahí, dentro, en tus sueños, y fuera, viéndote dormir. Caminabas y yo lo hacía a tu lado, y te veía de reojo, y me gustaba ver tu rostro despreocupado, atento a nada y a todo.
Cuando eras mía escribir resultaba fácil, respirar era sencillo, casi natural. Tocabas la lluvia y nacía el arcoíris, dibujabas con tu presencia cometas en la noche, fugaces tintineos de copas rebosantes anunciaban tu llegada, y tu halo se expandía diligente.
Cuando eras mía tus secretos no me pesaban, sabía que no me ocultarías tus emociones ni tus deseos, y que nunca guardarías estrellas ni universos. Cantabas con desenfado y me hacías feliz de serlo tú, las flores poblaban la casa y el invierno jamás importó.
Cuando eras mía y estabas conmigo te hablaba del hoy y del mañana, más que del ayer, como lo hago ahora, ahora que ya no estás aquí, ahora que ya no eres parte de mí.

jueves, 18 de junio de 2009

Abrazos

Sentado
Sergio Pérez Portilla

Es tarde, seguramente las calles están desiertas, y el agua se ha encargado de lavar los pasos y las hojas que por la mañana tapizaban el parque. Tu silencio, como de costumbre, me dice muchas cosas, y aunque tú trates de negarlo, sé que te estás esforzando por no hablar.
Sé que te duele, y me gustaría que supieras que también a mí me está haciendo mal.
Deseo respetar tu silencio, pero me cuesta tanto decirle a mi pecho que respire con normalidad, a mi pierna derecha que deje de moverse inquieta, a mis lágrimas que no sigan intentando salir, que sé que de un momento a otro dejaré este sillón y te abrazaré, y haré que dejes de ver a través de la ventana, y rogaré a tus ojos que me den de su luz y de su magia. Sé que de un momento a otro me levantaré e iré a abrazarte, porque te amo.

martes, 16 de junio de 2009

Para ti

Declaración
Sergio Pérez Portilla

Podría contarte mil y un cuentos para que la noche pasara y para que la luna durmiera si ello me diera un segundo más contigo, podría hacerlo.
Sin gran esfuerzo arrancaría espadas de piedras y secretos de tumbas si con eso te mereciera, no tengo duda.
Incluso sería capaz de beber oscuros brebajes de cicuta manchados de injusticia, si tu verdad llegara a mí de esta forma.
Blandiría espadas y capas, no importando la prisión consecuente, si el viento y las tormentas te trajeran a mi lado.
Y el último día de mi vida, contendría la respiración para que mi último aliento no se diera, si de esta forma pudiera verte a mi lado en el final del camino que quiero iniciar contigo hoy…

lunes, 15 de junio de 2009

Lugares

Encima de la tierra húmeda
Sergio Pérez Portilla

Vi el río y me dirigí hacia él, bajando la pendiente con cautela, seguido por mi sombra y por las ganas de refrescarme. Me situé bajo un mango y puse una rodilla sobre la tierra ribereña, húmeda y más oscura pero ya con olor a vida, y mi mano sujetó una roca grande para que el equilibrio no me fallara. Hacía muchas horas que callaba, pero sólo en ese momento pude además escuchar. La carrera veloz de las gotas que se hicieron un único ser con miles más de ellas, anónimas apresuradas, buscadoras de un lugar que no las espera, sonaba como la lluvia intensa que cae y resbala por las faldas de la sierra.
El buen árbol que me brindaba un poco de frescura no estaba solo. En él un pájaro de tonalidad oscura me miraba receloso, moviéndose de una rama a otra con graciosa agilidad. Lo vi durante un par de minutos y después dejé de hacerlo, pues ya mis brazos se estiraban para tocar el agua sin color que reflejaba como piedra preciosa los rayos del sol. Llevé de ese líquido, ayudado por mis manos, un chorro a mi rostro, y luego otro a mi nuca. Lentamente el bochorno fue siendo menos, aunque no desapareció. Pero me sentí satisfecho, elogiando mi decisión de haber bajado ahí.
Al enderezarme hice un movimiento brusco que espantó al pájaro de tonalidad oscura: él comenzó su vuelo decidido y valiente, y ya nada pude hacer. Pero sí me dije que éramos muy parecidos. A final de cuentas, yo estaba ahí sólo de paso, igual que él.


jueves, 11 de junio de 2009

Recuerdos

Visitas
Sergio Pérez Portilla

Al pie de las escaleras el polvo había encontrado un excelente lugar de reposo, y con él un buen número de telarañas. Hace ya tanto tiempo desde la última vez que estuve aquí, pero todo es tan, no sé, tan parecido, que por un momento me estremezco y el recuerdo de los días de mi infancia dilatan mis pensamientos.

Subo con cuidado, y me dirijo a la que fuera mi habitación. Vacía. Un par de hojas sueltas, quizá dos o tres pedazos de plástico y metal que en otro tiempo fueron de utilidad, pero hoy ya no. Me inclino y toco el suelo, lo limpio con mis yemas, y sin dejar de hacerlo, volteo hacia la lámpara que cuelga, vencida ya por los años y por la soledad. Sonrío.

Bajo con más calma de la necesaria volteando a derecha e izquierda, y la veo ahí, ligeramente fuera de la casa, ni quieta ni impaciente. Me sonríe como yo lo hice antes, y me pregunta cómo me siento. Lo pienso unos segundos antes de responder, pues no quiero hacerlo como acostumbran los que no lo piensan y soltarle sin más un bien, cuando en realidad la verdadera respuesta es otra. Y le digo que me siento extraño, que esta visita casual me dijo mucho más de lo que le diría a cualquier otro que se interesara por entrar en las estancias y andar por los corredores del número 34 de la calle principal, pero que me dijo muy poco acerca de quién soy ahora. Claro, me marcó, eso es definitivo, pues aquí estuvimos mis padres, mis hermanos y yo. Pero no lo hizo lo suficiente como para que no quisiera salir por la nostalgia o por la identificación mutua. Una gran etapa, lo admito, pero sólo una etapa.

Hoy tengo otro lugar que me acoge, y mi familia ha crecido tanto que, incluso sabiendo que ya algunos se han ido, me siento perfecto con lo que tengo y lo que soy, me siento feliz. Le digo que gracias a ella y al que nos puso en el mismo camino he podido enfrentar miedos y tribulaciones, todas las vicisitudes de esta historia, y que eso me hace sentirme pleno.

La invito a subir al auto, le hago una caravana que le roba una sonrisa y la vieja broma, dicha tantas veces pero siempre oportuna, y ella sube y me espera. Me dirijo al lado del conductor y, justo cuando abro la puerta, escucho las risas de unos niños, las voces de unos padres y el calor y la luz de una casa viva. No quiero voltear, porque sé que está allí, dentro de las paredes despintadas y el polvo de años, y prefiero recordarla como en sus mejores tiempos, cuando en ella me sentía seguro. Subo y sigo sin voltear, pero voy contento porque tengo todo lo que necesito, y soy quien debo ser.

miércoles, 10 de junio de 2009

Ronda

Horas
Sergio Pérez Portilla

Cantaré con las estrellas que guardan los secretos del universo, con las luciérnagas que no cesan de jugar entre la hierba y el sendero, con la nocturna caricia del ambiente que prodiga humedad. Brillará entre las luces tu vuelo y tú, con tu velo, mirarás hacia al sur, como lo hago yo. Llorarás de felicidad, y de tus lágrimas al tocar el suelo nacerán las flores más libres, las de aroma a victoria y entrega.
Yo seguiré cantándote, contemplando tu andar sobre las nubes, y el alba traerá cascadas de nuevos sueños, la sed se saciará con el dulce rocío que las hojas guardarán, el recuerdo será memoria que construye nuevas calzadas, más rectas, más llanas.
Y cerca del mediodía, cuando ya sobre nosotros esté el astro que envuelve con su luz mares y tierra, callará mi canto y se convertirá en guarida de tus ojos, en refugio de tus manos, en destino de tus labios.

domingo, 7 de junio de 2009

Todo pasa... esto también pasará

Días oscuros
Sergio Pérez Portilla

Jamás me había hecho tanto daño ver la luna como en esta noche, tan plena, tan blanca, tan pura. La desazón me embarga, y de hecho se va llevando con cada segundo un poco de la perfecta simpleza de estar junto a la persona indicada. Antes me perdía en la luna, pero al menos ella es mensurable; hoy me pierdo en el espacio infinito, y sé que ahora sí estoy en problemas. Me han recordado que mis actos y yo somos contingentes, pero se les olvidó decir que desde que existo dejé de ser una posibilidad, y soy una realidad, un ser que influye, que crea y destruye, que co-incide.
Me han vuelto un proscrito, pero la historia lo ha enseñado: se está donde se pertenece, no donde existe el confinamiento. Y yo pertenezco a tu mundo, no a esta prisión con rejas imaginarias, con límites que ha impuesto la palabra. No sé cuánto tiempo pasará, pero tengo toda mi vida dispuesta a que se dé el momento justo de verte y decirte lo que en realidad eres para mí.
Allá va la luna, y sigue hinchada de sano orgullo, y sigue reflejándose en el mar, en las ventanas, en sus ojos, en la sonrisa de niña que vive en su rostro. Allá va y me sigue haciendo daño.

Traducción

Un nuevo obsequio de Lupita: la versión de Adelante, a la luz en inglés. Gracias de nuevo, gracias siempre.



Ahead
Sergio Pérez Portilla
Traducido por Lupita García


I'm trying to follow your steps, learn them, feel them, imagine them, but each time I come closer to you, you take me back to the beginning, where hope is just darkness, where I can't see what I wish, where I can’t wish what I don’t see, where you and I are strangers, pilgrims in unknown lands, where there is no sea which embraces us, where there is no common history.
I'm waiting to know about you as the rain waits to touch the sand. I'm waiting to listen your singing without notes but with an immaculate honesty which I've heard nowhere.I'm waiting to touch your hands, kiss your lips, smell your hair, close my eyes for a second and when open them, realize you are still there, looking at me and my suggestive madness.I'll keep on trying, I swear I'll do. I'll be discreet but constant, patient and dedicated. I only hope that the wind continues holding my hand with the leaves without falling.