miércoles, 3 de junio de 2009

Lugar para dos


Cuando llegues
Sergio Pérez Portilla

Esperaré los días que sea necesario esperar, en el mismo lugar y a la misma hora, porque sé que un día volverás a pasar por aquí. No me agrada saber que tu historia es paralela a la mía, quisiera que un día nuestros mundos se cruzaran, y que al hacerlo no hubiese un choque sino un encuentro decidido, fuerte pero gentil, deseado, sincero.
Te llamaré mientras llueve, mientras sopla el viento, mientras tenga voz, mientras tenga fuerzas. Te soñaré despierto y trataré de hacerlo al dormir. Te pensaré seguro, inquieto, nervioso, preocupado.
Te pediré que olvides los prejuicios, y también lo haré yo. Te exigiré que recompenses las horas que te he dedicado, y que lo hagas con un beso. Te ofreceré lo poco que he hecho, y lo mucho que puedo hacer.
Te dedicaré cada una de mis letras, te cantaré mientras tú enciendes una vela y la colocas en la mesa de centro, al estar ambos sentados en la alfombra.
Aprenderé tu nombre y nunca lo olvidaré, y lo diré todos los días, todos los días lo diré, siempre junto a un te amo.

lunes, 1 de junio de 2009

De vientos

Para ese viento impetuoso que cambió mi vida

Viento libre
Sergio Pérez Portilla

Encuentro tanta belleza en tu figura al bailar, viento pequeño, que embelesado por verte el tiempo me es indiferente, y no hay más sonido que tu naturalidad. Te veo e intento no distraerme, no quiero perderte, no permito ni un parpadeo, no quiero nada más que seguirte en tu vaivén.
Olas invisibles mueven las hojas y llevan las semillas que fecundarán la tierra. No tiene límites tu presencia, tu existencia es libertad, y las fronteras son más bien impuestas, no estaban ahí cuando todo empezó. Pero tú las ignoras, porque sabes que eres más que ellas, líneas en una hoja multicolor, muros de fríos materiales, mientras que tú eres vida.
Los días te reciben, la noche te esconde, pero aquí estás. No hay que desesperar, te digo, y tú me ves y me dices con tu brisa que vaya contigo. No importa nada, pienso, sólo que vayamos los dos, libres, alegres, tranquilos, liberando y haciendo felices a los demás.


viernes, 29 de mayo de 2009

Madrugada III

Balada
Sergio Pérez Portilla

Me he habituado tanto a tus brazos, a tu perfume, a tu deseo y a tus sueños, que empiezo a creer que siempre has sido para mí.
Nunca te busqué, pero día a día te esperaba. Caía la tarde y mi ventana me decía que mirara hacia afuera, que con la brisa del otoño un día llegarías y me harías muy feliz. Yo le creía y me asomaba con una sonrisa y una taza humeante en mis manos, con mis sueños escritos en un papel.
Tampoco desesperé, pero siempre añoré que te presentaras, que trajeras contigo la luz y la canción, el beso y la caricia, el verano y el amor.
Y llegaste, y tocaste a mi puerta, y yo que desde mi ventana te había seguido los pasos me abalancé para recibirte. Y abrí, y tú me viste y me dijiste que querías pasar. Yo te abracé y te llené de besos, y te conduje adentro, al lugar que preparé para ti desde que supe que vendrías a mi hogar, al lugar que siempre fue tuyo y que siempre lo será.

jueves, 28 de mayo de 2009

¡Cielos!



Tinta incolora
Sergio Pérez Portilla

Hay un verso escrito en cada gota que va cayendo, por eso me gusta caminar bajo la lluvia, para empaparme de su ardor y su ternura, para escuchar poemas sin igual.
No conozco mejor poeta que el cielo, que me brinda atardeceres de caricias, que me regala mañanas en que los brazos del eterno sol nacen en torno a mí y me rozan sin premura, o noches consteladas de complicidad, adornadas con esas velas titilantes.
Las nubes han sido particularmente generosas este día en que van aliviando la sed del suelo que nos sostiene, tierra de vida, de sueños, guarida sin par.
Un mismo techo nos cobija, un mismo cielo, un mismo sol, y una misma lluvia que nos moja y en cada gota nos regala el verso de un poema que para nosotros se escribió.

martes, 26 de mayo de 2009

Madrugada II

Scriptorium
Sergio Pérez Portilla

Bajo esta tenue luz, la de esta gastada vela, he recorrido páginas antiguas y letras constantes, he conocido historias y mundos fantásticos, y pude enamorarme de la montaña que cautivó tanto al primerizo autor, que le escribió mil versos y le dedicó siglos de carencias.
Sentado en esta silla de madera, he pasado días enteros hurgando entre frases y oraciones, los he copiado y aprendido, y a veces, sin quererlo, los he ofendido al equivocar un trazo, al dejarme llevar por mis ideas, al no poner todo de mi parte.
La piel de mis manos se ha hecho una con la piel de los tomos más valiosos, ediciones únicas, artesanales. Partes del corazón, del alma y de la mente de hombres y mujeres sensatos, preclaros, ambiciosos pero no egoístas, pueden palparse en la tinta vertida y en la tinta guardada. Si decir algo y ponerlo por escrito es una decisión madura, más lo es el decidir no escribir todo lo que a la mente se viene.
Por esta noche, la vela se ha consumido. Debo dejar la silla, mis manos han de descansar, mis ojos necesitan cerrarse, mi mente distraerse. Por hoy dejaré de recorrer frases y silencios, sólo por esta noche.

lunes, 25 de mayo de 2009

Madrugada I

Vuelta
Sergio Pérez Portilla

Vuela tu pelo y desata tu aroma, y cierro los ojos como intentando guardarte en mis pupilas o queriendo llevarte hasta el sitio más íntimo de mi corazón. Pero el deseo de verte, las ganas de morder tus labios y el recuerdo de tu tibio cuello me hacen alzar la mirada y prenderme con ella a ti.
Caminas y sabes que te veo, y sé que lo sabes y no me importa que lo sepas ni te importa que lo haga.
Volteas y me obsequias ese gesto de dulzura, y luego me presumes tu belleza que es envidia del rocío y de la neblina de diciembre.
Y digo tu nombre… te llamo despacio, y te detienes y me miras seria, y te sonrío y me sonríes, y andas sobre tus pasos y regresas a mi lado, y te digo que te amo, y me lo dices tú también con ese beso que apaga mi voz, pero que aviva mi ser.

viernes, 22 de mayo de 2009

Todo lo tiene, todo lo tendrá

Sentido
Sergio Pérez Portilla

La veré mientras me arrulla con su calma y me alimenta con su luz y me sostiene con su olor. La seguiré por los senderos y escribiré en las cortezas su historia irrepetible, grabaré en las piedras sus momentos de ternura, en las cuevas pintaré sus hazañas, en la tierra sembraré sus nostalgias para que cuando llueva crezcan y todos la recuerden, que todos la recuerden.
Que la recuerden porque ya no estará. Que la recuerden porque ya se habrá ido. Quizá tampoco yo exista, pues habré andado tras de ella, tal vez me perderé entre la espesura de hojas y flores, de raíces y ramas. Que la recuerden porque habrá cambiado su nombre, su faz, su esencia.
Ya no será un ojalá, sino una certeza tan evidente que abrumará. Ya no será tenue, sino brillante. Ya no se llamará esperanza, sino realidad.

martes, 19 de mayo de 2009

Estos mayos

Olvidar
Sergio Pérez Portilla

Ha sido una lucha constante, férrea, sin tregua. Han sido días agotadores, y en ellos mis pies se han cansado, mis manos se han agrietado, mi espalda ha cargado con mil años en un segundo.
Sabes que te habría invitado a pintar la vieja casa de la esquina, y con ella habríamos pintado nuestro destino.
Tuve que ver un millón de rostros para olvidar el tuyo, tuve que escuchar un millón de voces para arrancar de mis huesos la que tanto me gustaba escuchar, tuve que esconder los soles y las lunas para que no te volviera a pensar, tuve que convencerme con argumentos ilógicos de que nunca fuiste nada, y todo porque nunca lo volverás a ser.
Pero lo he logrado. He salido victorioso, a pesar del cansancio, a pesar de las heridas, a pesar del sudor y de la lluvia.
Lo he logrado, lo he logrado en verdad. Ya no eres lo primero que pienso en la mañana al despertar, ni mi primer sueño, ni la primera palabra, ni la letra de la carta que no te pude entregar.
Lo logré, aunque me llevé toda una vida, aunque me llevé una vida y un poco más: ya no eres lo primero que pienso al despertar.

Traducción

Pues una novedad: una amiga tradujo uno de estos sitios apalabrados y he aquí su colaboración. Es una traducción libre, pero le he dicho que me agrada la forma en que lo hizo suyo y lo plasmó. Gracias Lupita, porque a pesar de las horas de diferencia pudiste obsequiarnos este trabajo. El original es Mañanas frías, tardes de sol.



Cold sunrise, warm sunset
Sergio Pérez Portilla
Traducido por Lupita García

If you would have said yes, last night; today we would have been thinking in our future, in all the places we could have walked together holding our hands and feeling the wind in our faces, and we would have known that the short days would make us steal some moments to the night...
If you would have said yes with your eyes and with your voice. With those eyes as bright as a garden in bloom, with your voice sounding like a river when flows and gives life, if you would have done it or at least tried it, I would have insisted as enough as not to make pressure, just to make you realized that I wanted to take the risk, among all the uncertainties...

If your tender and small hands would have touched mine, looking forward to know more than need it, may be....

Once more, I wrote again with that stupid conditional which makes me realize that what I'm writing is not real and with that illogic 'would' that instead of making all hope come closer, it goes further away. But I know that using them I realize which things can be come true and which ones cannot. Then…
See you

jueves, 14 de mayo de 2009

Con frío

Efímera
Sergio Pérez Portilla

Que seas como el viento que pasa rápido y al momento ya está lejos de aquí…
Que seas como un latido que se pierde entre miles más…
Que seas como el libro olvidado en la inmensa biblioteca de la ciudad…
Que seas como la canción que siempre adelanto apenas la empiezo a escuchar…
Que seas como el suspiro que nadie quiere guardar…
Que seas todo esto, para que me dejen de doler tu aroma, tu presencia, tu ausencia, tu candor, tu pesar, tu decir, tu mirar, tu sentir, tu clarear.
Que seas todo esto para que me deje de doler al recordar. Que seas todo eso para que me dejes de doler, y para que, un día, siendo esto, seas más bien nada, nada en mi callar.

lunes, 11 de mayo de 2009

Pasos


A unos pasos de ti
Sergio Pérez Portilla

Te miro en el jardín, mientras tú recostada en la hamaca tarareas la melodía de una de tus canciones favoritas, y distraída juegas con la rosa que tienes entre tus manos. Te ves tan linda que a veces me pregunto qué haría sin ti.
El sol de media tarde enmarca este momento, y yo volteo como intentando agradecerle, pero lo olvido al darme cuenta de las mariposas que revolotean en la esquina de la cerca: suben, bajan, danzan, son pétalos vivos, son burbujas de colores. Casi me pierdo en ellas, pero no puedo dejar de verte, por lo que te busco de nuevo.
Tú sigues en tu vaivén de cadencia marina e intervalos de fragancias, y un par de golondrinas llama tu atención, pero pasan tan rápido que decidas volver a ver las flores recién nacidas.
Desde donde estoy no puedo sino imaginarme que te abrazo, que bebo de tus ojos tus años, que me alimento con tus sueños, que me descubres tu calidez y tus recuerdos, así que decido acercarme a ti. Aún tengo en mis manos las dos tazas de café, y aún humean como incienso. Intento no hacer ruido, prefiero verte así, distraída como estás, como eres, tarareando; intento que sigas siendo tú, pero al llegar a tu lado, lo he planeado ya, quiero abrazarte y darte un beso, y recostarme junto a ti.

domingo, 10 de mayo de 2009

Madres

Debía salir en Concilio, el 10 de mayo de 2009, pero no fue publicado. De todos modos: ¡felicidades a todas las madres, en especial a la mía!

Ser madre todos los días
Sergio Pérez Portilla

El evangelio de san Juan nos cuenta una historia extremadamente bella, bella incluso habiéndose dado en un momento por demás dramático: al pie de la cruz, a punto de morir, Jesús deja a su madre al cuidado del discípulo a quien él amaba, y el discípulo la recibió en su casa. Luego de unos instantes, Jesús murió (cfr. Jn 19, 25-30).

El carpintero de Nazaret amaba a su madre, y sabía que dejarla sola, sobre todo en esa época y en esa sociedad, era condenarla al repudio, a la habladuría, a valer nada. La amaba y sabía que debía cuidarla, protegerla, dar por ella lo que ella misma dio por él: todo. ¿Cómo hizo Jesús para que su discípulo la aceptara? Le dijo “ahí tienes a tu madre”. No dijo “aquí está mi madre, te la encargo”, sino tu madre. El discípulo la aceptó porque ella se convirtió en su propia madre, y con esa aceptación demostró que también la amaba. Habría sido más difícil que el discípulo cuidara del todo a María si hubiese visto en ella a la madre de otro, por eso tenía que verla como suya.

Hoy celebramos el Día de la madre, día verdaderamente especial para los mexicanos. Pero la celebración debe ser el culmen de un camino: a la madre que diariamente se le ama, se le respeta, se le escucha, se le cuida, se le protege, a ella es a quien celebramos. Ella es madre todos los días, no sólo lo es un día en mayo, o en cualquier otra fecha. La que lleva por nueve meses en su vientre a otro, lo lleva en su corazón y en su mente por siempre.

El maravilloso don de la maternidad, por otra parte, hace que la mujer colabore en la obra creadora de Dios, pues Él también debe ser visto como una madre. Para nosotros, occidentales de este siglo, eran dirigidas las palabras de Juan Pablo I de aquel domingo 10 de septiembre de 1978, una de las pocas, claro, en las que, para hacernos entender cómo es el amor de Dios, nos dijo: “Dios es padre, más aún, es madre”. Sí, en nuestra cultura la confianza es mayoritariamente depositada en las mamás, y ellas a la vez son las que más nos demuestran su afecto, por eso ver a Dios como madre nos ayuda a entenderlo más, a entender más su amor por nosotros.

Conocer y reconocer lo que ellas han hecho por nosotros es amarlas, y amándolas podemos darles su lugar, aceptar su dignidad, verlas diferente.

Un abrazo a todas las madres, a todas las que se aventuraron a darle vida a todos los que habitamos en este planeta. Feliz día, madre, feliz día, madres.

sábado, 9 de mayo de 2009

Tiempos, breves tiempos

Espera
Sergio Pérez Portilla

En 20 minutos el corazón late más de 1000 veces, hay alrededor de 300 respiraciones, un poco más de 400 parpadeos y se podrían dar unos 2000 pasos para estar con buena salud.
En 20 minutos la espera se vuelve impaciencia, la noche cubre de sombras las calles y la hoja se consume entre las llamas hasta ser una mancha en el piso.
En 20 minutos la búsqueda se acaba, el canto se repite, la luz se apaga, la comida se enfría, el tercio llega, el café lo duerme.
Y así, cada 20 minutos voltea a ver el reloj, porque sabe que han pasado 1000 latidos, 300 respiraciones, 400 parpadeos, pero no ha dado ni un solo paso, no se ha alejado, no se alejará.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Proezas

Adelante, a la luz
Sergio Pérez Portilla

Intento seguir tu andar, aprenderlo, sentirlo, imaginarlo, pero cada vez que me acerco más a ti, me llevas de regreso hasta allá, atrás, al principio, donde la esperanza es solo oscuridad, donde no puedo ver lo que deseo, donde no puedo desear lo que no veo, donde tú y yo somos extraños, peregrinos en tierras desconocidas, donde no hay mar que nos reciba, donde no hay historia común.
Espero saber de ti como la lluvia espera tocar la tierra. Espero escuchar tu canto sin reglas ni acordes pero con más sinceridad que el que tantas veces he escuchado en lugares no indicados.
Espero tocar tu mano, besar tus labios, oler tu pelo, cerrar los ojos y abrirlo y que sigas ahí, observando mis locuras con provocación.
Lo seguiré intentando, juro que lo haré. Seré discreto pero constante, paciente y dedicado. Tan sólo espero que el viento me siga llevando de la mano de las hojas que caen sin caer.



Un especial agradecimiento a Gaby, por haberme “donado a fuerza” una frase que me ayudó a construir este escrito. Gracias Vo.

domingo, 3 de mayo de 2009

De mayo



Escucharte
Sergio Pérez Portilla

Hay música en todas las cosas que me rodean: en la risa, en el llanto, en el silencio, en la duda, en la mirada, en los años, en el verde, en el café, en el deseo, en la impaciencia, en el alimento, en el agua, en la lluvia, en el cielo, en el beso, en la historia, en el dibujo, en las frutas, en los otros, en los míos, en las manos, en la tierra, en el aire, en la huella, en la promesa, en el eco…
Cuando despierto percibo las notas, los acordes, la sinfonía. Abro los ojos y la música no es sólo el sonido, sino la luz también, y no pocas veces la música es también la textura, el roce, el sabor que se forma entre el paladar y el corazón. La música es todo un ambiente.
El lenguaje en el hombre era algo necesario, algo que se tenía que dar. La música es este lenguaje sublimado, embellecido. ¿Cómo podría estar sin ella? ¿Cómo podría, música, estar sin ti?

viernes, 1 de mayo de 2009

Reflexión

Forestal
Sergio Pérez Portilla

Arde el bosque, los animales corren, se alejan del demonio devorador. Los insectos no cantan, gritan, están asustados. Los árboles lloran, su vida se agota. Y el hombre no puede controlar el fuego que inició por su mismo descuido.
No hay forma de esconderse del humo que llena de gris todos los resquicios, del humo que adormece y envenena. Mientras más avanza la cortina encendida, hay más muerte y hay menos vida. Muerte instantánea en las plantas y en los animales. Menos vida a mediano plazo para todo el planeta. El bosque es fuente de vida. Si algo le afecta, nos afecta a todos: se pierde parte de nosotros, de nuestra historia, de nuestro ser. Ojalá que pronto deje de arder.

martes, 28 de abril de 2009

Susurro

Manifiesto individual
Sergio Pérez Portilla

No puedo adivinar tus pensamientos porque al mirar tu rostro me pierdo en tus labios, me hundo en tus ojos claros, me quedo en tu pelo castaño, rizado, me imagino en tu blanca piel.
A veces me inquieta tu sonrisa traviesa, pues sé que preparas ya una broma o recuerdas lo que por la mañana me dijiste, y yo me sonrojo, sea una u otra, pues el que pienses en mí me hace sentir importante.
Tú sabes que contigo se esconde la cordura –si es que hay alguna, claro está– y huye mi discreción. Claro, como tú no te estremeces al sentir tu aliento, crees que a mí no me pasa nada. Pues te equivocas. Cada vez que me cuentas un secreto, tu voz baja cerca de mí, tu cercanía y tu complicidad, se vuelven simplemente alucinantes.
Alguna vez dije que abriría los ojos para conocer a las aves que me enamoraron con su canto, a los árboles que recibieron el viento en sus ramas y después de acunarlo lo lanzaron más allá, a los grillos que acompañaron mis sueños. Pero hoy sé que nada de eso tiene sentido si tú no estás aquí. Y contigo puedo cerrar los ojos, siempre que tenga tus manos en las mías, claro; o abrirlos, siempre que estés junto a mí, cerca de mí.

jueves, 23 de abril de 2009

Buenos días


Como tú
Sergio Pérez Portilla

Te he esperado mil eneros, de verdad que lo he hecho, y en cada uno de ellos viví días cansados, y a cada momento escribí futuros de ensueño mientras salía a pasear. Te he esperado desde antes de conocerte.
Yo no sabía que me faltabas, ni siquiera supe que eras tú cuando te vi bailando en los rosales, aquellos que quitaron sus espinas para no lastimar tu paso y tu andar, aquellos que se arroparon de algodón y fibra.
Las brasas se negaban a morir de noche, esperaron al alba y entonces, con el clarear matutino, con las aves enamoradas, con el rocío de miel, dijeron adiós. Cenizas, viento, una pared de humo.
El césped era muy verde, tanto que me hizo pensar en las veces que tus manos llevaban las hojas y las manzanas, tanto que me hizo creer que la esperanza sigue en pie.
Sí, debo aceptar que no hago más que pensar en ti, pues para alguien como yo, alguien como tú: tus susurros que calman el ruido en mis oídos, tu rostro de radiante esplendor que ilumina mis ojos, tus manos frías que abrazan las mías, tus labios delgados…

viernes, 17 de abril de 2009

Fin de semana


Puertas
Sergio Pérez Portilla

No digo todo lo que pienso, pero trato de pensar lo que digo cuando de hablar en serio se trata. Me gusta bromear, y quienes me conocen saben que es así, pero si debo hablar empeñando mi palabra, así lo quiero hacer.
Hablo de lo que creo, hablo de lo que quiero, hablo de lo que siento. Callo muchas ideas que no me parecen maduras aún, las mantengo un tiempo más dentro de mí, y si alguna vez están listas, las comparto. Callo muchos de mis sueños, porque bien podrían parecer extraños, ¡si ya mi vida es de por sí extraña!, pero me gusta recordarlos cuando estoy despierto y sonrío como si hubiese hecho alguna travesura.
Mis amigos y mis hermanos han sabido escucharme, y trato de hacerlo yo también, trato de escucharlos y decirles por lo menos que su bienestar me interesa. Con ellos comparto y de ellos aprendo.
Pero también tengo muchos defectos. A veces ni yo mismo los veo, pero son tan evidentes que otros se encargan de mostrármelos. Tal vez no me sea del todo grato escucharlo, pero el día de hoy lo agradezco porque así he podido crecer.
¿Y por qué te cuento todo esto? Porque no quiero que haya secretos entre nosotros. Si hemos de caminar juntos, no quiero que lo hagamos sin conocernos. Necesito que me conozcas y que no llegues a pensar que miento cuando digo la verdad, o que intento molestarte cuando sólo trato de jugar. ¿Qué te parece si ahora me cuentas un poco de ti?

martes, 14 de abril de 2009

Jacarandas

Para ti, porque ya vi tus ojos

Abriles
Sergio Pérez Portilla

Salí con prisa, el reloj me había engañado y ya iba con un pequeño retraso. Pero todo retraso es falta de cortesía y de respeto por el tiempo de los demás, así que también estaba un tanto apenado.
Tomé un taxi y le indiqué la dirección, y mientras yo deseaba que el conductor hiciera honor a la fama que les precede a todos los miembros de su ramo, sucedió lo contrario. No sabía en qué pensar, pero sí sabía en quién: en ti.
Después de bajarme dudé un poco, ¿entro o no entro? Me decidí por lo primero, y andando sin saber por qué pasillos y escaleras, imaginando que quienes me veían pasar lo hacían con cierto recelo, di una vuelta y te vi. Te vi y ya no supe qué decir. Estabas descansando en tu seguridad y confianza, con un gesto de despreocupación que simplemente me cautivó. No te hablé de inmediato, preferí contemplarte unos minutos más. Y después te abracé, y al hacerlo ya no tenía intención de dejarte. Pero debías respirar, y mis brazos quizá te apretaban un poco. Te vi, abriste tus ojos, los vi, y luego tú me miraste sin hablar. Elegiste los marzos y yo los abriles, te dije, y es que el día 13 del cuarto mes siempre me ha regalado un mucho del cielo aquí en la tierra. Abriste tu boca, intentando decir algo, pero no lo hiciste. Luego, luego sonreíste, y entonces la prisa se acabó.





sábado, 4 de abril de 2009

Esperanzas

Para descansar
Sergio Pérez Portilla

Quiero borrar mis miedos de la hoja que contiene mis días, y quiero escribir en lugar de ellos versos que me dicte la esperanza.
Quiero soltar los nudos que en mi garganta se formaron cuando dije adiós, y quiero dormir junto a quien amo para que despierte y pueda seguir sonriendo.
Quiero abrazar al viento y acariciar el sol que nace cuando escucho los pasos de la mañana tierna, cuando brillan las hojas verdes y cuando lloran las estaciones.
Quiero escuchar en el piano la canción que me hubiese gustado componer y tocar para los míos, y disfrutar la melodía y la cadencia con los ojos cerrados y un vaso de vino.
Quiero escuchar en la ventana el golpe del aroma del pasto recién cortado, de la frescura de la sinceridad y del futuro que comienza a florecer.
Y, al final, tan sólo quiero llegar a la meta por la que he corrido toda mi vida, y sonreír, y descansar, y poder vivir de verdad.

De Concilio

Publicado (hasta donde sé) en la página Concilio del día 4 de abril de 2009. Les deseo una feliz Semana santa.



Una semana diferente
Sergio Pérez Portilla

En el ambiente cristiano se inicia hoy la llamada Semana santa, o como aún recuerdan algunos, la Semana mayor. No es mayor porque tenga más días que las otras 51 semanas del año, pero sí lo es porque los días que esta semana contiene son los más grandes para aquellos que profesan a Jesús de Nazaret como el enviado y ungido por Dios, como el Cristo. Son días en los que por una parte se recuerda el andar cotidiano del hijo de María entre sus coetáneos, y, sobre todo, los momentos que quedaron para la posteridad: su condena por crear conflictos y escisiones entre los judíos, su injusto castigo y su inmerecida pena, y más aún su resurrección como un hecho histórico. Hablemos un poco más de esto.

La fe cristiana declara que en los últimos días de su vida terrena, Jesús realizó ciertas obras: instituyó la Eucaristía, creando a la vez el sacerdocio, y enfatizando que esa entrega visible en el sacramento del pan y del vino, convertidos en su cuerpo y su sangre, no tenía otro motor más que el amor, el mismo amor por el que el Padre eterno había creado todo, y por el que el Espíritu santo continúa vivificando y santificando a los hombres. Pero también se habla de los momentos que a todos mueven: el arresto injustificado, por iniciativa de uno de los que andaban con él, la condena próxima –los azotes­– y la condena segunda ­–la crucifixión–­, llevando de esta manera, en unas cuantas horas, a un hombre libre hacia la muerte.

Y quizá hasta aquí la historia no difiera mucho de tantas que conocemos, pero es entonces que sucede algo que no sólo perfecciona lo ya acontecido, sino que también le da el verdadero sentido: Jesucristo resucita. La cruz sería dolor y muerte, y la Eucaristía vendría a ser como un bonito recuerdo, como una comida por un cumpleaños o algo así y nada más. Pero la resurrección de Cristo le enseña al auténtico cristiano que la muerte ha sido vencida, y por eso la cruz no puede seguir representándola; el dolor no es buscado, pero aún así tiene un sentido más alto, más pleno: no quiero sufrir, pero lo hago porque es un camino. No hay que buscar siempre el sufrimiento, pero si nos lo encontramos de frente, no vamos a huir de él. Y la Eucaristía no es sólo una merienda más, sino la auténtica presencia del que ha entregado su cuerpo y su sangre por los que amaba.

Santo significa apartado o separado para Dios, consagrado a Él. Esta Semana es santa porque recordamos lo que Cristo ha hecho por todos los hombres, pero también porque la separamos, la apartamos para reflexionar en torno a estos hechos y, sobre todo, para experimentar personalmente los efectos que dichos actos hacen en la vida de los hombres. Si no fuera así, sería una semana más, no una semana santa. Sería una semana promedio, no una semana mayor.

jueves, 2 de abril de 2009

Jueves

Morir solo
Sergio Pérez Portilla

Y entonces callaste. En mi silencio vi el tuyo, con tus lágrimas llegaron mis miedos, y de repente estuve tan solo, me sentí tan desvalido.
Quisiera haberte soñado, haber soñado la calle por la que apenas ayer caminamos, haber soñado el nombre que apenas ayer pronunció con emoción la voz que hoy, cobarde, se ha escondido. Me gustaría haberte soñado, y que no fuera más que mera ilusión tu sonrisa, y que se vistiera de quimera tu piel, que nunca la hubiera rozado.
Sigues viendo hacia los intersticios y te sigues escabullendo en ellos, sigue tu ausencia tan concreta a dos pasos de mí.
Cambiaría la música si eso me hiciera haberte soñado, y así sería poco más que nada lo que me dijiste cuando hablamos siglos interminables, lo que me contaste y lo que ya olvidaste que sé después de haber escuchado atento tus miradas.
Quisiera haberte soñado porque así, simplemente, no te estaría causando tanto dolor.

martes, 31 de marzo de 2009

Para mañana


Primaveras
Sergio Pérez Portilla

Te esperaré, te esperaré por la mañana cuando llegue la luz, cuando seas mi día, con los sueños abiertos, con esta sonrisa que es más tuya que mía…
Te esperaré y no tendré otra cosa que hacer más que darte la bienvenida, abrazarte y verte a los ojos como hace tanto no lo hago, y como hace tanto no lo haces.
El manzano del huerto aún aguarda el tiempo propicio, el tiempo en que las manzanas vengan donde él y él las abrace con sus ramas. Manzanas verdes, pequeñas e inquietas, alegres y traviesas.
No quiero perderme en la impaciencia, ni quiero que pese el silencio, pues lo que había de decirse dicho está, y lo que había de esperar aguarda ya.
No necesitas decirme nada, ni por qué te fuiste ni el porqué de tu retraso. No necesitas explicarme nada, sólo basta con que llegues.

jueves, 26 de marzo de 2009

Ilusión

Luz propia, luz de paz
Sergio Pérez Portilla

Brilla, estrellita mía, no eres luna que refleje la luz de otros pero sí eres creación amada, amada a la lejanía, amada en la cercanía.
Brilla con tu voz y por tus sueños, brilla en la inmensa historia que te toca vivir, en el tierno y fuerte cielo que te abraza y te muestra con orgullo.
Cometas querrán igualar tu presencia, y verás nacer y morir a tantos astros que llegarás incluso a comprender el misterio de la vida. Vienes de Dios y hacia Él algún día volverás.
En torno a ti girarán tantas cosas que de vez en cuando querrás llover. Pero no te preocupes, todo pasa, incluso la muerte. Sólo permanece, humilde y en silencio, gloriosa y en el tiempo, la Palabra redentora.Brilla, brilla y hazme feliz con tu felicidad, y si un día quieres iluminar a este simple mortal, brilla en un nuevo cielo, uno que nos cobije y nos dé intimidad.

lunes, 23 de marzo de 2009

Luces

Luces apagadas
Sergio Pérez Portilla

Me sabe a olvido este cigarrillo, me sabe como el día que no recuerdo, como la manzana que se cayó antes de que la probara, como el paso que nunca di. ¿Arrepentirme? Sí, pero no por todo, sólo por aquello que lastimó, por lo que ofendió. Pero arrepentirme por errores que me hicieron crecer, eso no.
Y después del cigarrillo, un trago de mi Heineken, con ese gusto cremoso y claro. También he olvidado ya la primera vez que la probé, sólo sé que lo hice como ahora, solo y sentado frente a los libros que me siguen esperando pacientes, y esperan hablarme con su voz de tinta. Un sorbo más y habré cumplido mi meta.
No estoy seguro si las lluvias trajeron este color gris que ha pintado mi día, o simplemente mis ojos están cerrados a cualquier color que no sea el de la melancolía.
Creo que va siendo hora de encender las luces.

martes, 17 de marzo de 2009

Per-fumando

Mañanas frías, tardes de sol
Sergio Pérez Portilla

Si hubieras dicho que sí ayer, hoy estaríamos pensando en mañana, en los lugares que podríamos recorrer tomados de las manos y abrazados por el viento, y sabríamos que lo corto de los días nos haría robarle momentos a la noche.

Si hubieras dicho que sí con tus ojos y con tu voz, con tus ojos que brillan como jardín vivo, con tu voz que suena como el río que corre y da vida, si lo hubieras hecho o al menos intentado, yo habría insistido lo suficiente para no presionar, pero lo justo para que supieras que lo quería intentar, a pesar de todas las incertidumbres.

Si tus manos pequeñas y tiernas hubieran tocado las mías buscando conocerse más de lo debido, quizá…

Nuevamente escribí con ese estúpido condicional que me hace saber que no es real lo que escribo, y con ese ilógico hubiera que en lugar de acercar aleja toda esperanza. Pero sé que al usarlos me voy dando cuenta de qué cosas son ciertas, y cuáles simplemente no lo serán.

Hasta mañana.


viernes, 13 de marzo de 2009

Puedo

Promesas
Sergio Pérez Portilla

Si me vieras con tus ojos oscuros y serenos, y con ellos me llevaras a caminar…
Me inquieta darme cuenta de la clausura que hoy se acaba, de la puerta que hoy se abre, de la búsqueda que en ti encuentra su final. Me inquieta porque no sé qué podría pasarme, o pasarte, o mejor –o peor– aún, qué podría pasarnos.
Como dice la canción: eres cielo cuando atrapas a la luna en tus pupilas…

Si me acariciaras con tu boca, si me sonrieras con ella, si me dijeras que nadie te ha pensado más que yo…
Me intriga la luz de esta habitación, la música que escucho, la fragancia que nace de madrugada, la cadencia de tus manos cuando piensas y callas.
Como dice el poeta: me gustas cuando callas…

Si me dieras un segundo de tus años y un pequeño espacio de tus miles de caminos, podríamos contarnos la misma historia y cantarnos la misma esperanza.

Imagino que nunca somos conscientes de lo que somos capaces de provocar en los demás, pero estoy seguro, por sobre todas las cosas, que nunca sabrás cuánto tú en mí. Y después de todo, por supuesto, después siempre queda la misma sensación, esa mezcla entre paz e inseguridad que nos hace caminar creyendo que podemos, pero sin saber si ese día llegará.

miércoles, 4 de marzo de 2009

De lunas

Variaciones
Sergio Pérez Portilla

El café fue sólo un pretexto, lo que yo quería era estar contigo. Quería sentarme frente a ti y verte hablar de tus secretos. Quería buscar la poesía de tus ojos, el canto de tu piel. Cayó la tarde y tu música me sedujo, y se nos hizo noche entre historias de veranos e inviernos, tuyas y mías.
Algunas veces los momentos más breves son los que más recuerdo. Aquella tarde de café fue un segundo que dejó impreso en mi mente un recuerdo indeleble.
La promesa de otra tarde de café nunca llegó, pero el recuerdo de la primera nunca se fue.
(Esto pasa por estar escuchando Elefante -Y tú no estás/Historias, ¡qué rolas!- y por tener necesidad de gritar cuando todos piden silencio, o de callar cuando todos quieren escuchar.)

martes, 3 de marzo de 2009

Cuaresma

Publicado en Concilio, el día 1 de marzo.

¿Ayunar es dejar de comer?
Sergio Pérez Portilla

Ha dado inicio el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Es éste un periodo de preparación espiritual intensa, como ha recordado el papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma de este año –mensaje dado, por otra parte, desde el 11 de diciembre del año anterior–, y es una preparación para el verdadero objetivo del creyente: el día de la Resurrección.


En el ya citado mensaje se ha recordado la necesidad de llevar a cabo las llamadas obras de penitencia: oración, ayuno y limosna, y para este 2009, de manera especial, el Sumo pontífice ha hecho hincapié en una de ellas en particular: el ayuno. Con obras de penitencia, o momentos penitenciales, entendemos aquellos momentos de reflexión sobre nuestra situación y la necesidad de Dios que llevan a una verdadera vuelta al Padre. Comúnmente diríamos que ayunar es dejar de comer, así, sin más. Pero ya el Papa ha dado una perspectiva que ilumina: el verdadero ayuno consiste, en sus palabras, en cumplir la voluntad del Padre celestial, pues, insiste, ayunar tiene como finalidad comer el alimento verdadero que es hacer la voluntad de Dios.


Sí, es cierto, el ayuno implica abstenerse de comer físicamente, pero cuando se cae en el legalismo se deja atrás el sentido real y válido de dicho acto. Ahora, por la situación de nuestro país hay de hecho ayunos obligatorios. Entonces, ¿cuál es el verdadero ayuno, el que aprueba y premia el Padre que ve en lo secreto? Es, en palabras del Obispo de Roma, el que ayuda a curarnos de todo lo que nos impide adecuarnos a la voluntad de Dios. Es decir, aquel acto que, apoyado en el signo de la privación del alimento material –signo que por su parte tiene sentido únicamente cuando refiere a la disposición interior a escuchar a Cristo y nutrirse de su palabra de salvación–, nos lleva invariablemente a la plenitud y satisfacción integral en el Señor.


Por último, y retomando lo dicho acerca de nuestra patria, el ayuno debe ayudarnos a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. Algunos, por tradición, los viernes de Cuaresma no desayunaremos, y en la comida dejaremos la carne, pero la cambiaremos por pescado o mariscos tan bien preparados que en lugar de hacer conciencia haremos más bien antojo. No, no debe ser. Ayunar no es sólo dejar de comer o cambiar la comida por otra “más sencilla”, ayunar es permitirnos experimentar la necesidad de Dios, permitirle a Él hacerse presente, y permitir a nuestros hermanos ser parte de nuestra vida espiritual y, así lo quiera el Señor, ser parte de nuestra vida total: cuerpo y alma.