viernes, 31 de octubre de 2008

Reseña

Hola a todos. En esta ocasión comparto una reseña que se publicó en el primer número de Palábrate, revista interna del Seminario de Xalapa. El tema resulta paralelo a las fechas que celebramos este fin de semana (1 y 2 de noviembre). Espero que les resulte amena, y pronto compartiremos algunos escritos más. Gracias por todo.

Atte. Sergio Pérez Portilla


Para pensar la muerte
Sergio Pérez Portilla

¿Se puede hacer un verdadero discurso sobre la muerte? ¿No es acaso algo tan distinto a lo que podemos conocer –que no tan lejano, en muchos aspectos– que ni siquiera podemos hacernos una verdadera idea sobre ella? Vladimir Jankélévitch, filósofo francés (Bourges 1903-París 1985), escribió sobre la muerte, allá por 1966, y esto dio paso a una serie de entrevistas, de las cuales cuatro se encuentran en el libro aquí reseñado.
En Pensar la muerte (FCE, Buenos Aires, 20062, 131 pp.) encontramos algunas tesis importantes: a) existen 3 tipos de muerte: i) la muerte en tercera persona, la de no importa quién, del que no conozco y por tanto no influye en mí; ii) la muerte en segunda persona, la más parecida a la mía sin ser la mía, y ésta sí afecta sentimientos y pensamientos; y iii) la muerte en primera persona, la mía, de la que no puedo hablar en absoluto porque es mi muerte; b) no se puede hacer un verdadero estudio sobre la muerte, pues, aunque parezca irrisorio por lo que ya hemos dicho, cuando se experimenta ya no se tiene un después; c) la muerte no es una transformación, sino el pasaje a la ausencia de forma; d) el lenguaje no está hecho para expresar la muerte porque aquél se basa en la experiencia; e) nunca es necesario morir y sin embargo un día hay que hacerlo. Si bien Jankélévitch es filósofo, también es cierto que se auxilia de las perspectivas antropológica, sociológica y religiosa, primordialmente, para elaborar su propuesta.
Un libro interesante por la temática y muy bueno por la “invitación forzosa” a la crítica objetiva que, incluso, podríamos decir que se adelantó a la reflexión que vemos en nuestros días.

jueves, 30 de octubre de 2008

Antes de la comida

De vuelta
Sergio Pérez Portilla

Apenas me es posible ver tu silueta. Me recuerdas a los barcos que se alejan y son devorados por el horizonte, por el espejismo del azul de niebla. Te vas, pero no es para siempre, has prometido volver, y yo te he creído. Así que a partir de este momento prepararé todo para tu regreso. Escribiré todo lo que pase por aquí, y te lo leeré cuando estés de vuelta, mientras estemos sentados en la alfombra, recargados en el sofá. Prepararía algún exquisito platillo para decirte todo lo que te extrañé, pero nunca he sabido cocinar. Así que pediremos pizza y tomaremos un buen vino tinto.
Después, después quizá te vuelva a abrazar para saber que estás a mi lado.

viernes, 24 de octubre de 2008

BN

Ojos antiguos
Sergio Pérez Portilla

Hoy soñaré con tus ojos, pero los quiero soñar en blanco y negro. Soñaré que estamos juntos, pero tú ves hacia el oeste mientras yo veo tus ojos en blanco y negro. Es tan rápido tu parpadear que se confunde con el aleteo del colibrí de 7 colores que ha pasado veloz, que sólo se detuvo a libar de tus ojos, pero al verlos en blanco y negro se marchó, difuminándose en el marco borroso e indiferente de mi sueño.
Ahora tus ojos en blanco y negro murmuran tu alegría; ahora gritan tu cansancio; ahora gimen tu dolor. Vuelves a parpadear y ya tienes junto a tus ojos el rocío y el vapor. No, no puedo dejar de verlos. Son tan simples así, en blanco y negro, que puedo abarcarlos con los míos.
He despertado, tus ojos ya no ven hacia el oeste sino hacia los míos. Ya no son blanco y negro, ahora son eternos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Fiesta


Libertad
Sergio Pérez Portilla

A los pocos días de haber nacido, la canción sigue llenando la casa. Es eco de almas y cuerdas, sonrisa de los cuatro vientos y soledad ausente, es inspiración y suspiro casi invisible, casi incoloro, casi eterno. Antes de que el veneno baje por mi garganta deseo escribir otra canción. Antes de que mis entrañas dejen de conmoverse, antes, mucho antes de que la tierra me reciba, antes de que la noche sea eterna, quisiera escuchar las melodías de la pródiga sensación de bienestar.
¿Qué etéreos momentos te convencieron de la mentira? Derribemos sus murallas caminando alrededor de la prisión. Liberemos la verdad, para que la verdad nos haga libres, pues sólo libres es que podemos cantar, celebrar, regocijarnos sin miedos.

Lunes


No es un adiós
Sergio Pérez Portilla

Siempre me he preguntado cómo debería empezar un adiós, qué palabras son las únicas que le darían a ese momento su valor y su sentido. Decir adiós implica muchas cosas, por eso no quisiera decirlo como si fuera cualquier cosa, cualquier lugar, cualquier sombra. Decirte adiós nunca ha estado en mis planes, y sin embargo a veces hay que improvisar. Si te agradeciera por todo lo que hubo sería una descortesía. Si te pidiera que me disculparas abriría una posibilidad que ni remotamente debería ser. Si te dijera que el mañana luce mejor para ambos seguramente ni yo lo creería, porque lo único seguro en dicho momento es la incertidumbre.
Siempre me he preguntado cómo debería empezar un adiós, mas tengo mis esperanzas puestas en que nunca pase, en que nunca deba despedirme de ti, y sigamos juntos como hasta ahora.

lunes, 13 de octubre de 2008

13 de octubre

Dentro de mi cuarto
Sergio Pérez Portilla

Hoy ha sido un día excelente, quizá perfecto. Hoy volví a ver, volví a caminar, volví a oír y a hablar. Mis sueños se hicieron realidad. Incluso pude volver a percibir la suave caricia del viento y olí el perfume nocturno de los nardos que pueblan la campiña y la visten de blanco y crema, y también acompañé a la brisa matinal de la mano del recuerdo que emergía por el simple hecho de callar.
Mi piel se erizó por la neblina vespertina, pero al momento me acurruqué en los brazos de mis amigos y así, sin más, nuevamente el calor.
Dediqué un tiempo a la locura y otro a la fantasía; obsequié minutos a la cordura y también a la planeación seria. Cumplí con mi trabajo y me siento satisfecho.
Ahora, ahora sólo una cosa más, un pequeño pero importante detalle: decirte gracias, Señor, porque me regalas una vida y un millón de bendiciones, y a cada una de ellas la llamas con tiernos nombres. Se llaman papá, mamá, hermanos, amigos, situaciones, encuentros, despertares, responsabilidades, pensamientos, sentimientos, anhelos, hojas, aire, agua, sol, mundo. Un millón de bendiciones en una sola vida. Un millón de bendiciones en mi vida.


lunes, 6 de octubre de 2008

Así fue


Historia e historias
Sergio Pérez Portilla

Leí la contraportada del pequeño libro y alcé la mirada: ahí estaba la luna en su cuarto creciente, justo frente a mí. La vi diferente, quizá por lo que acababa de leer, quizá por lo que acababa de rememorar, por las circunstancias similares, por el latir de mi corazón, por la luz mortecina o por la distancia que increíblemente es tanta y tan poca. Esperé el autobús mientras seguía pensando en esas líneas. Era ya tarde, y sólo un joven estaba cerca de mí, pues la mujer que esperaba antes de mi llegada eligió un taxi y se fue a descansar unos minutos más. El muchacho escuchaba música con unos audífonos, y me pregunté si sería un teléfono o un reproductor de mp3 cualquiera. Le calculé unos 17 años y deduje que no hacía mucho se había despedido de su novia, que había aprovechado hasta el último momento. Su novia se habría quedado recargada en el marco de su puerta viéndolo doblar la esquina, y hasta entonces se metió a su casa y cerró con llave.

Por su parte, la mujer que se fue en taxi seguramente habría salido de trabajar un turno doble en un trabajo que paga casi la mitad de lo justo, aunque sea lo legal. Pero a esta hora no tiene muchas opciones, pues es muy probable que su casa esté en la periferia y los autobuses que van hacia allá han dejado de pasar hace mucho. El taxi le quitaría el dinero que de vez en cuando usa para un refresco o un jugo a media mañana, cuando lo poco desayunado ya ha sido digerido, y es muy temprano para comer. Pero no hay de otra, ya debe llegar a su casa.

Volví a ver el libro de pasta negra. Hoy, además, no había ni brisa ni llovizna, ni siquiera el discreto bochorno capitalino. Hoy simplemente era hoy. Pude ver a lo lejos el reflejo del semáforo, cómo cambiaba del rojo al verde y cómo los autos comenzaron a avanzar. Pocos, ciertamente, muy pocos, pero ya he dicho antes que era tarde, cerca de las once de la noche. Un coche pasó veloz junto a mí, e imaginé que quien iba en él era alguien que me veía y se preguntaba qué estaría pensando y hacia dónde iría, cuál era mi origen y mi destino, y a partir de ahí yo era parte de su historia, como lo fue la mujer del taxi de la mía, como lo fue el joven que, sentado, seguía esperando con sus audífonos. Era yo simplemente una pieza de su rompecabezas, como ella lo era de la mía.


viernes, 3 de octubre de 2008

¡Tiempo!

Como ayer
Sergio Pérez Portilla

Las tardes en los tiempos de mi niñez me parecen ya tan lejanas que estoy a punto de olvidarlas. Es cierto, he crecido y ya han pasado muchos años, pero no son recuerdos vagos por eso, sino porque hace mucho que no me divierto sin más preocupación, de hecho, que divertirme. Hoy me divierto pero pienso que mañana debo trabajar, que tengo pendientes algunos documentos, que debo elaborar tales reportes. Empiezo a preocuparme por tantas cosas que dejo de divertirme como niño.
Así que aquí estoy, a tu puerta, con este par de cometas que conseguí en no-me-preguntes-dónde-ni-cómo, y sí, lo sé, me veo ridículo con estos pantalones desgastados y esta sudadera de ningún color, pero anda, sal conmigo, vayamos a correr al campo un buen rato, riamos inocentes, elevemos nuestros sueños.

jueves, 2 de octubre de 2008

¿Tiempo?

El beso
Sergio Pérez Portilla

El reloj se ha detenido justo ahora, preciso, cómplice, caprichoso. Ni un grano cae dentro de la fortaleza de cristal. Arena de mil playas, azúcar de mil cañas, sal de mil mares. La campana contiene su tañido como el amante su suspiro, como el libro su conciencia. Se acaba la historia y comienza el presente sin ayer ni mañana.
Veo tus ojos, pero ellos son tú, en ellos está sumergida tu presencia. Verde hoja que el rocío bañó, que la araña eligió, que la pureza sembró. Verde hoja que no se secará. Ojos color anhelos, manos nobles, corazón vivo, el pequeño duerme, la esperanza crece.
Hay una sorpresa esperando, un regalo aún cerrado, un gigante sentado, una manzana en el suelo, una carta sin remitente, una lámpara encendida, un bote de pintura azul, una burbuja de oropel, una guitarra recostada, un vaso bocabajo, una estampa arrugada y un reloj, un reloj que sigue sin avanzar.

jueves, 25 de septiembre de 2008

25 de septiembre

Temblores y querencias
Sergio Pérez Portilla

Saber de ti es como un regalo, es como una tarde de otoño o una gota de perfume.
Saber de ti es como ver al cielo y encontrar los cantos que he olvidado, y escucharlos nuevamente con las manos quietas, con las rodillas sobrias.
Todos los días quisiera escuchar de ti, pero a veces mis gritos son sólo susurros ahogados, sollozos inundados de ansia y respeto.
Van cerca de mil años ya que estoy esperando una certeza, una palabra, una llamada; y es casi seguro que pasen mil más, antes de que suceda, antes de que pueda verte a través del algodón y del verde, del claroscuro pensamiento y la trillada frase, aunque esto ya será algo.
Te espero, de verdad lo hago. No sabes cómo quisiera saber de ti.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Visiones

Tiempo soñado
Sergio Pérez Portilla

¿Volveré a verte? ¿Volveré a encontrarte por el camino como la primera vez, cuando escuché tu nombre en tu voz y lo repetí para no olvidarlo? Ni el sol ni las rosas se comparaban contigo, y tu cabello rizado y oscuro alrededor de tu cara cantaba y era ola de mar nocturno.
Aunque hubiera querido detenerme junto a ti sin hablar, sólo viendo tu sonrisa y tu blanca piel, aunque hubiera querido…
En la misma calle te encontré cerca de dos meses después, y hablamos y nos tomamos las manos. Pregunté y preguntaste, respondimos entre risas nerviosas.
Pero ya hace más de un año que no te veo, que no te encuentro. Y mientras pasa el tiempo y no te olvido, sigo preguntándome si volveré a verte.

Teología de la liberación

Hola, un saludo afectuoso a todos. Les comparto este escrito, publicado el 21 de septiembre en la página de Concilio. En mi espacio he publicado una versión con algunos añadidos y con un par de referencias, así que los invito a leerlo también.

¡Nos vemos pronto!

ATTE. Sergio Pérez Portilla.





Pobreza y cristianismo: Teología de la liberación
Sergio Pérez Portilla

El Concilio Vaticano II trajo consigo un revuelo en la Iglesia, tal como pasa con toda novedad. Algunos se mostraron conservadores y otros mucho más abiertos ante los planteamientos de este gran concejo. Comenzó en el año 1962 y concluyó en 1965. A la par de este concilio, un sacerdote de Perú, Gustavo Gutiérrez, ya reflexionaba sobre la realidad de la violencia y la pobreza en Latinoamérica. Tres años después, a la luz e inspiración del Vaticano II, la segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, Colombia, hizo patente la opción que al final del concilio, según cuenta Leonardo Boff, tomaron 40 obispos en las catacumbas de santa Domitila, a las afueras de Roma: la opción por los pobres.
En realidad, la Iglesia enseña que la opción por los pobres es su elección preferencial, que no exclusiva, a la luz de Jesucristo, cabeza de esta misma Iglesia. Pero una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo.
Un año antes de la II CELAM, en 1967, Gustavo Gutiérrez habló en Montreal sobre la pobreza desde 3 perspectivas: la primera sobre la pobreza real o material, situación siempre mala; la segunda como pobreza espiritual, es decir, como infancia espiritual, ponerse confiadamente en las manos de Dios; y la tercera, es la solidaridad con los pobres pero contra la pobreza. Esto es, hacer de los pobres protagonistas de su liberación. Un año después, el 22 de julio de 1968, en Perú, el mismo padre Gutiérrez llamó a esta reflexión teológica Teología de la liberación. Así, Medellín, influenciada positivamente por la Teología de la liberación, apuntaló y dirigió la praxis de los siguientes años. Para 1973 se publicó el texto que sobre el tema escribió, circunstancialmente, Gustavo Gutiérrez: Teología de la liberación. Perspectivas.
En la III CELAM, realizada en 1979 en la ciudad de Puebla, la Teología de la liberación estaba en un momento crucial, fuerte. Esta teología, por cierto, había recordado que no podemos importar teologías que nacen en realidades culturales completamente diferentes, sino que es preciso que la teología sea desde, y no sobre: desde Latinoamérica y los pobres, por ejemplo, y no sobre América Latina y la pobreza.
Pero vino un sobresalto cuando en la IV CELAM, celebrada en Santo Domingo en 1992, todo indicaba que la Teología de la liberación había desaparecido, pues no solamente nunca se mencionó en el documento final, sino que su método (y dice Gustavo Gutiérrez que su metodología es su espiritualidad) pareció superado, como menciona Juan José Tamayo en su libro Presente y futuro de la Teología de la liberación (San Pablo, Madrid, 1994). No poco tuvo que ver la aparición de dos textos de la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la liberación (6 de agosto de 1984) y la Instrucción sobre libertad cristiana y liberación (22 de marzo de 1986). El problema fue que algunos politizaron y adjetivaron el término cristiano, cuando en realidad lo cristiano es un sustantivo, según recuerda Gutiérrez, y esto es lo que la Congregación tuvo que aclarar y distinguir: lo primero es ser cristiano.
El espíritu de la Teología de la liberación, por tanto, no había muerto. Lo podemos constatar en el documento conclusivo de la V CELAM, llevada a cabo en el reciente 2007 en Aparecida, Brasil. Quizá no se menciona de nueva cuenta el término Teología de la liberación, pero sí están presentes sus ideales: la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana (Aparecida # 146, entre otros).
Hoy, a 40 años del peregrinaje, la Teología de la liberación se mantiene. Ni es ni debe ser la única, es más, seguramente algún día morirá, en palabras de Gustavo Gutiérrez, porque morir significa ya no presentar la misma urgencia de antes, pero mientras exista, seguirá indicando un camino de santidad, porque para hacer verdadera opción por los pobres, para hacer verdadera Teología de la liberación, se debe tener la mirada puesta en Dios.

domingo, 14 de septiembre de 2008

México

Hola a todos.

Les comparto un escrito que apareció en la página dominical de Concilio, el 14 de Septiembre. El motivo: una relectura de los colores de nuestra bandera a la luz de los hechos actuales. Espero les guste.

ATTE. Sergio Pérez Portilla


Septiembre verde, blanco y rojo
Sergio Pérez Portilla

El 24 de febrero de este año, el licenciado Juan Camilo Mouriño, Secretario de Gobernación, pronunció un discurso en Iguala, Guerrero, durante la ceremonia conmemorativa por el 187 aniversario del Día de la Bandera. En su intervención hizo una reseña del estandarte tricolor, su paso por la historia y el significado que para los mexicanos tiene este símbolo patrio, además del sentido de sus colores. Pero es en estos días de Septiembre que veremos a nuestra insignia nacional pegada o colgada, literalmente, de puertas, ventanas, coches, antenas, sombreros, vasos, y todo lo que esté al alcance del mexicano que celebra su independencia.
Este es el contexto en el que surge la cuestión que guía nuestro escrito: ¿cómo podemos hoy interpretar (¿reinterpretar?) los colores de la Bandera mexicana? Vayamos al encuentro del significado.

Del verde
El verde ha representado la esperanza, prioritariamente. Hoy, en un país en que se vive al día, no podemos limitar ese sentido. Más que esperanza, debemos darnos cuenta de que el verde es un claro signo de la realidad local y nacional: estamos perdiendo nuestros bosques y selvas. El verde que se veía en nuestro país –ya ni decir de nuestro estado– es cada vez más lejano: hoy encontramos deforestación, incendios incontrolables, y, sobre todo, en lugar de árboles vemos concreto y civilización, y no percibimos que si mueren los bosques nuestra vida desaparecerá poco a poco, comenzando por la calidad de la misma. Si olvidamos que estamos en relación con el mundo, también olvidaremos que hay esperanza.

Del rojo
La sangre de los héroes nacionales, de todos los que con su vida ofrecieron libertad a nuestro pueblo. Es un recuerdo precioso. Generalmente –y aquí está el inconveniente–, los héroes son los que quedaron allá, en el pasado. Son incluso míticos, idealizados. El rojo debe recordar la pasión de los héroes de hoy, de aquellos que buscan la verdad en un país donde la corrupción y la transa es tan común que muchos lo creen normal. Héroes que, como lo vimos hace poco, salen a la calle manifestando su deseo de que acabe la delincuencia y la impunidad, la violencia y la muerte que va desde el aborto hasta la eutanasia. No existe México en cuanto ser real, físico. Existen los mexicanos. Si el hombre olvida que es un ser social, relacionado con otros hombres, olvidará que celebra no sólo la independencia suya y de los suyos, sino la de todo un país con altos índices de pobreza, analfabetismo y desnutrición.

Del blanco
El sentido de la pureza es el correspondiente al blanco: pureza en los ideales, pureza en la lucha, pureza en todo aspecto. Blanco ha sido también el color de la paz, de la tranquilidad. ¿Y cómo podemos ofrecerle al hombre pureza en su intención y paz en su vivir, si no cuenta con un sentido en su vida? Los mexicanos hemos hecho de nuestra nación, simbolizada en la Bandera, una nación deshumanizada y poco generosa. No, no todos, por supuesto, pero si confrontamos los índices de vicios en nuestro país (corrupción, violencia, narcotráfico, pobreza, etc.) nos daremos cuenta de que hay mucho por sanar. El mexicano debe volver a darle sentido a su vida, y como todo hombre, el sentido lo tendrá en cuanto ponga su mirada más allá de sí mismo. Hemos olvidado que somos un pueblo religioso y rico en tradiciones, hemos ido olvidando que somos un pueblo creyente, sí, en los demás, pero sobre todo en el que nos sostiene desde lo alto.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Respuestas

Hola a todos.


¿Alguna vez se han preguntado qué significa el pez que los cristianos usan? Entonces los invito a ver mi >>> espacio, donde pongo una pequeña nota acerca de eso. ¡No duden en dejar su comentario!


ATTE. Sergio Pérez Portilla

domingo, 7 de septiembre de 2008

De domingo

Pinceladas
Sergio Pérez Portilla

De las miradas ilícitas, de los años vencidos, de los excesos de vino, de las mesas sin fruteros y de las flores anuales. De todo ello nace el verso, de todo ello aprende el cantor. Ha visitado el hijo a la madre y ella está feliz, con las manos arrugadas y trémulas, con el corazón agitado, vivo.
Ha soñado la palabra tantas veces que es libre, que cada vez que despierta mira sus cadenas y las rompe, hasta que llega la noche y nuevamente es condenada. Juicio y castigo.
Siguen cayendo los pétalos, y aún no hay decisión. Cerámica de artesanos adorna la mesilla, vela aromática al centro, lápiz y hoja en blanco.
Todo era inicio e inspiración para el viejo poeta y cantor, todo socorría y todo valía. Allá, amigo, allá no necesitas de tu folio y tu carbón. Allá tú serás poesía y canción.



miércoles, 3 de septiembre de 2008

Tarde, tardes

Tarde de lluvia
Sergio Pérez Portilla

Eres como el rizo y como la idea, pero eres más como la pluma que ha dejado el ave caer desde el nido, eres más como la pluma.
Siguen fascinándome tu historia y tu fantasía, tu certeza y tu poesía, tu sombra y tu diadema. Sigues fascinándome con increíble facilidad, con irresistible ansiedad.
Ha oscurecido y las calles siguen llevando el agua que la lluvia dejó. Puertas salpicadas, ventanas empañadas, banquetas transitadas en doble sentido y esquinas de mármol y paja.
Vamos a prometernos algo, venga, hagamos un trato, estrechemos las manos, arropemos la esperanza.

domingo, 31 de agosto de 2008

Ahora sí

Casas de antaño
Sergio Pérez Portilla

Intenté robar tus ojos y lo que conseguí fue quedarme prendado de tu mirada. Son ojos de tarde de café, de tertulia en la hacienda, de comida hecha por la nana.
Intenté cantar a la vida, y la vida me cantó mis días, me cantó mis noches, armonizó cuartas y quintas vigilias con octavas horas bajas. No hay tristeza que resista al barullo de los niños.
Sentado con los viejos les pregunto por su casa, y me contestan que ya quieren estar ahí, que no se han cansado, pero ya hicieron lo que tenían que hacer. Les sonrío y me miran con dulzura.
Cae la noche, así como inventa el pozo historias, así cae la noche. Velas en lugar de focos, mesa en lugar de silencio, ollas y tortillas, queso y leche bronca.
El pasto se humedece. De nuevo lo intentaré.

El último


Recordar no es vivir
Sergio Pérez Portilla

Aire, aire nocturno, aire de luciérnagas y grillos que se esconden para descubrirse. Aire que toca las ventanas con una suavidad de algodón. Aire que sube y aire que baja, aire que nunca se detiene.
Comienza la historia del triste citadino que deambula entre calles sin casas, calles vacías de almas y llenas de gente, desfile de caras sin rostros, de relojes sin horas, de días indiferentes. Aire.
Las manos bien guardadas, como las esperanzas, como los panes, como las cinco monedas que valen menos cada vez.
Las bardas marcadas con pinturas corrientes, mostrando territorios cual orín de perro, salvajes anacrónicos e indefensos ante sí mismos. Comprensión y paciencia. Aire.
Necesito volver a respirar, necesito volver a respirarte. Necesito volver a volar, volar contigo, volar en ti. Aire.

jueves, 28 de agosto de 2008

Saludos

Hola a todos. Pues ya ven que entrando a clases muchas cosas se dificultan, ¡pero aquí les doy un excelente 3x1!
Bien, son 3 escritos: el primero es del estilo de siempre, el segundo es más filosófico (pero con la misma pluma, claro) y el tercero es para mi perrita. Se llama Lana.
Por ahí les tengo otra sorpresita, pero a su debido tiempo se las compartiré. Por ahora, los invito a leer y a dejar sus comentarios. Y gracias a quienes siguen de cerca este Mundo de palabras.
ATTE. Sergio Pérez Portilla.

1

Vino tinto en la terraza
Sergio Pérez Portilla

Y es que en medio de las olas una roca es seguridad, y a la mitad de la tormenta tu voz tranquilidad.
No, podría mirar el cielo mil veces, pero sin ti, estrella, no sería lo mismo. El arrebato y la impaciencia frente a la cordura y tu mirar. La esperanza del descanso y del eterno suspirar, la alegría del derroche de risas al clarear.
Me sigue pesando la verdad que no sabré, pero me sigue alentando la certeza del ayer.
Dejaré por este día que el río llegue a su destino, y si no se desborda, si no se desborda prometo que volveré a comenzar.

2

Interiores
Sergio Pérez Portilla

Quiero comenzar este día recordando los abrazos de mis padres, los juegos que con mis hermanos jugué, la noche del primer beso y las salidas con los amigos de ayer; así, con este bufet de vivencias, con esta constelación llena de vida, podré sin dudar ser yo.
Soy mi vivencia de ayer, mi conocimiento de hoy y mis esperanzas de mañana, soy una suma de genialidades de grandes hombres y mujeres, soy la obra del Eterno.
Quiero ser feliz, lo anhelo, y lo anhelo porque sé que lo puedo alcanzar, sé que para ello estoy aquí.
Ego sum hic et nunc. Ich bin ich. Estoy aquí y ahora. Soy yo.

3

Dorada
Sergio Pérez Portilla

Eres muy inquieta, demasiado. Comprendo que por tu edad seas tan impulsiva, es sólo que a veces pierdo un poco la paciencia, además de que por estos días tengo muchas cosas en la cabeza. Te gustan muchos los libros, aunque no creo que hayas leído uno solo, y la verdad, imagino que nunca lo harás. Pero ahí los tienes. Te ofrecería todos los que tengo, pero no me conviene. Te veo contenta, pero estoy seguro de que si pasáramos más tiempo e hiciéramos largas caminatas juntos, tu felicidad sería mayor. No sé. La verdad, hace ya algún tiempo que buscaba a alguien como tú. Eres muy linda, de eso no hay duda.
Aún recuerdo el día que nos conocimos, Te veías muy seria, pero apenas tomaste confianza y mira, siendo sinceros, eres de lo más extrovertida. ¡Pero qué más da! Ya eres parte de mi vida, y aunque a veces me hagas irritar, en un par de minutos ya estamos jugando de nuevo a ser tú y yo. Así que no se diga más, venga, vamos, demos un paseo y después, después ya se verá.

viernes, 22 de agosto de 2008

Regresando


Extravíos
Sergio Pérez Portilla

Ahí, al pie de la cascada, en medio de las rocas que formaban una isleta, viendo la caída pródiga de humedad, cerré los ojos y me puse a escuchar. Era un canto que no conocía, un canto vetusto, como la tortuga, pero fresco, como miel y azul. Era un canto suave y envolvente, constante, sibilante, del sur, que buscaba saciar la sed serena y buscaba abrazar con su tonada. Mis manos intentaban encontrarlo.
Calma, mucha calma y mucha paz. Me embriagué de consuelos y lágrimas y palabras y risas. Incluso olvidé que antes de llegar a la cascada había llorado por estar extraviado. Pero el canto era así, sanador, esperanzador.
Y ahí estuve, hasta que el mismo cauce me indicó el camino de regreso, el camino que me llevaría de vuelta a casa.

lunes, 11 de agosto de 2008

De agosto

Hola a todos, amigos y hermanos.


En primer lugar agradezco sus comentarios y visitas, y me disculpo por no haber escrito nada en algún tiempo. Ya estamos de vuelta. Les comparto hoy un escrito para reflexionar, y les cuento que en poco tiempo subiré uno o dos cantos más al reproductor, esperando que sigan siendo de bendición. No se diga más, aquí está el escrito, y espero sus comentarios.




Eloa maspú
Sergio Pérez Portilla

Los nativos lo llaman eloa maspú, y le temen. Es el viento negro. Saben que llegará porque los animales se ponen inquietos, las aves no cantan y porque ellos mismos no dejan de sentir tristeza, angustia, soledad. Los niños van con sus madres y les piden que los abracen, pero ni siquiera ellas con sus brazos y sus nanas los pueden hacer sentir mejor. Los mayores, los padres de familia, se alejan y discuten, ven al horizonte y quisieran no ver.
Eloa maspú llega siempre por la mañana, pero llega con la noche. Es frío, como el viento del norte, pero es a la vez un frío diferente, que no se siente en la piel, sino en el corazón. Cuando se acerca todos se meten en sus casas y cierran puertas y ventanas. Lo oyen golpeando las ramas de los árboles, como si fuera una ola rompiéndose en las piedras.
No pueden detenerlo, no pueden hacer que no llegue, pero han encontrado una forma de sentir menos frío y menos tristeza: además de juntar lo necesario para ese día, han comenzado a juntarse entre dos o más familias, y cuando más frío sienten, cuando más oscura está la habitación, comienzan a cantar. Las velas nunca son suficientes, pero sus voces, elevadas al cielo, les dan seguridad, seguridad en el temor.
Eloa maspú se va, pero saben que volverá. Por eso, cada vez que los padres de familia se alejan cuando saben que vendrá, discuten sólo una cosa: quién recibirá en su casa a sus amigos, para no sentir frío ni tristeza.

miércoles, 30 de julio de 2008

Antes de dormir

Reencuentro
Sergio Pérez Portilla

Siéntate, anda, tomemos un café. Dime, ¿cómo has estado? ¡Qué bien! Me da gusto saberlo. Hace poco me acordaba de ti, ¿sabes? De aquel viaje a las montañas con los demás, con tu enorme mochila y tu tremendo sentido del humor que aligeraba nuestras cargas. Sí, te recordaba. También pensé en lo que me contaste cuando mi primo perdió a su esposa, cómo te levantaste de algo similar, y comencé a fantasear.
Volteé al techo sin mirarlo, e invoqué una sonrisa que no tardó en responder, suave, constante, cálida, tuya. Y abrí el libro, sí, el libro que me obsequiaste al salir del colegio, cuando me decías que te marchabas aunque preferías quedarte, y yo trataba de convencerte que me llevaras o que te quedaras conmigo. Abrí el libro, sí, lo abrí. Y no pude avanzar más allá de la primera hoja, porque en ella estaba una breve dedicatoria, firmada por ti, escrita con tu letra, vertida por tus sentimientos y liberada por tu decisión. Allí, en esa hoja, me he detenido infinidad de veces, y cada vez que lo hago, vuelvo a recordarte, y a recordar la montaña y tu tremendo sentido del humor. Levanto mis ojos y veo el techo sin mirarlo, porque te estoy mirando a ti.

martes, 29 de julio de 2008

Celebración

Banquete
Sergio Pérez Portilla

¡Cuántas veces, al creer todo perdido, me doy cuenta de que hay una solución! Camino entre sombras pero no temo, porque he amado y eso me da valor. Escucho locura a mi alrededor, y sin embargo sigo adelante con la esperanza claramente dibujada en mis ojos, bosquejada en mis labios, encendida en mi alma.
El torrente se abre paso y deja al candado inservible, ¡libertad! Los ayes y los lamentos no se escuchan ya; las lágrimas ya no corren por las mejillas; el invierno sigue siendo invierno y la primavera sigue llegando el mismo día, pero uno y otra resplandecen bajo la belleza de las casas nuevas, de los hombres nuevos.
El perfume guardado para la fiesta se derrama en todos los invitados.
Yo creía que todo estaba perdido, ¡pero me doy cuenta de que hay solución!

lunes, 21 de julio de 2008

De...

Sueños y sonrisas
Sergio Pérez Portilla
Para ti, aunque aún no haya visto tus ojos

Hace poco tuve noticias de ti. En realidad, te conocía sin conocerte, te esperaba sin siquiera saber que venías, que llegabas en silencio, tan de cerca. Hay muchas preguntas, lo sé, y a su debido tiempo deberemos responder a ellas, a todas ellas. Pero quiero darte una bienvenida a mi casa. Quiero que sepas que es tuya también, que en mí tendrás dos manos más, un corazón sincero, y diez o quince aventuras por cumplir.
Aún no sé cuándo llegas, ¡todavía no lo sé! Mas aquí sigo esperándote, preparando las lluvias y los soles, los febreros y los marzos. ¿Qué te gustará comer?, ¿preferirás el bosque o la ciudad, o la montaña o el mar? No importa, iremos a todos los lugares que quieras, y ya decidirás. ¡Qué extraño!, creo que es hora de encender la luz y todavía veo las hojas verdes. Creo que es hora de abordar el tren, y aún oigo los pasos sobre las hojas.

miércoles, 16 de julio de 2008

¡Shhhh!


Anhelo de silencio
Sergio Pérez Portilla

Aquí está, a la mitad de las certezas, en pleno novilunio, con olor a frutas y sabor a miel, tu nombre. Lo digo y me llena la boca de confianza, lo escucho y es susurro de abejas en colmena, de hojas en otoño. Lo dices, me lo dices, y no hay nada que me inunde de tanta paz.
Tu nombre es un desfile de margaritas y azucenas, de orquídeas humedecidas y de huertos fecundados, simientes eternas y raíces delgadas.
Tu nombre descansa en el silencio, se acurruca en los labios de la calle que besa la calzada y se sostiene en cada una de las letras que lo distinguen.
Me parece escuchar tu nombre, me parece que las cigarras lo están diciendo, parece que mi piel lo está sintiendo. Creo escuchar tu voz, tu dulce voz, tu ingenua locura y tu gran necedad. Creo escuchar tu voz diciendo tu nombre, creo decirlo yo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Ciclos

Noche líquida
Sergio Pérez Portilla

Y comenzó a llover.
Caminaba apresurado, y entre charcos y banquetas buscaba los bordes de las ideas, los límites de su pensamiento y de su saber. Arreció la lluvia. Casi siempre habla de lluvias y de caminos, y hoy le ha tocado una, fría y copiosa; y le ha tocado andar, apresurado y callado. La ventana con el cristal roto y polvoso lo vio pasar. La puerta despintada por el sol sintió su presencia. La esquina, la esquina lo esperaba.
Aquí tiene todo, en su mano. Aquí tiene nada, aquí tiene nada. ¿Y ahora hacia dónde? No lo sabe. El agua corre calle abajo, quizá seguirla. Quizá sea bueno seguirla, porque continúa lloviendo, cada vez más fuerte.

lunes, 7 de julio de 2008

Tú y para ti


Cielo y mar
Sergio Pérez Portilla

Me pregunto si el cielo sabe que lo espío, cada mañana, cuando despierto y apenas puedo vivir. Aves, las aves, las alegres aves. Blanco paz, blanco esperanza, blanco pureza; azul profundo, azul elegante, azul de lejos, azul
cielomar. En algún lugar se unen los quiméricos seres aéreos y las ancestrales criaturas marinas. Al cielo lo espío, y al mar le digo lo que alcanzo a ver. El mar, por cierto, que está a unos pasos de mi puerta, a unos metros de mi mano, a unos susurros del tal vez. El mar salado que endulza mis horas, que mece mi barca y que escribe conmigo. El mar que sabe leer.
Y sigo preguntándome si el cielo sabrá que lo espío, cada tarde también, cuando vuelvo del mar y apenas puedo entender.