domingo, 2 de marzo de 2008

Familias

Este escrito fue pensado en primer lugar para Concilio. Ahí no fue publicado, pero lo comparto desde aquí para todos ustedes, agradeciéndoles que me hagan parte de su familia. Una versión con enfoque cristiano, al parecer, será impresa en la revista Mensaje, del SAX. Yo les aviso si es publicado. Por cierto, ¡que vivan las familias, y que viva mi familia!

La familia, fuente de vida
Sergio Pérez Portilla

Todas las familias son diferentes y, sin embargo, todas contienen en sí características propias que las hacen ser tales. Son tan diferentes como distintas son las personas, hombres y mujeres, que conforman a todas y cada una de ellas, pero todas cuentan, a la vez y por el mismo hecho de ser humanos reunidos y relacionados externa e internamente, con un alto grado de semejanza. Para los cristianos, la proyección de los individuos en la familia se ve enriquecida por la semejanza del hombre con Dios, resultando la familia también un reflejo del Dios comunidad.
Todos los ámbitos de desarrollo humano –social, económico, político y religioso– coinciden en decir que la familia es el lugar preferencial del sano crecimiento de hombres y mujeres, siendo un crecimiento holístico. Es por esto que existe una imperiosa necesidad de fortalecer la estructura familiar y perfeccionarla, buscando evitar, por otro lado, reducirla o abaratarla.
¿Qué es una familia? De inmediato se piensa en un grupo de personas que están relacionados entre sí. Existen grupos ocasionales o temporales, la distinción con la familia es que ésta se trata de un grupo permanente. Son personas relacionadas entre sí, pero si bien la máxima relación que entendemos como familia es por la consanguineidad, no es completamente exclusiva, aunque tampoco excluyente.
En todos los ámbitos de desarrollo arriba mencionados se habla de familias, lo cual es válido aunque al mismo tiempo hace multiplicar la idea que tenemos sobre familia, pero más bien debemos entender cómo la única familia actúa en esos ámbitos. Nos centramos, pues, no en la familia, o comunidad, que hacemos en el trabajo, en el gusto político, o en otro, sino en la básica, la que generalmente conocemos como comunidad de padre, madre, e hijo o hijos. Añadimos, claro, parientes de segunda o tercera línea, y no nos limitamos al parentesco de sangre únicamente porque el padre es verdadera familia para la madre, y viceversa, y entre ellos no existe relación de sangre. Ya ni hablar de los hijos adoptados o algunas otras situaciones propias. La relación se establece en el amor, no entendido únicamente como afectivo, pues se necesita también de un amor efectivo, sino en un amor pleno.
¿De dónde viene la familia? Proviene del anhelo profundo de todo hombre de ser pleno a través de la comunión espiritual y material (no son meramente opuestos) con los que son como él, proviene de la naturaleza misma de los hombres, pues el hombre es uno consigo pero también uno con los demás. Ser familia está inscrito en el corazón y en la mente de todos los hombres, pero esto no la reduce al instinto, sino a la necesidad que, solventada, hace feliz al necesitado.
¿Hacia dónde se debe dirigir la familia? La familia debe dirigirse a la perfección, es decir, a la comunicación, a la relación y a la unidad perfectas, a la vida consagrada por y para el otro, al esfuerzo ilimitado en su limitación, al ser y hacer en y para el otro con desinterés verdadero. La familia está llamada a ser proyección del hombre, complejo, digno y trascendente, y reflejo también de todos los hombres que habitan este mundo.
No desconocemos las situaciones no gratas en las que muchas familias se encuentran, pero recordarles su identidad más profunda podría darles una luz, un motivo, un pretexto que las lleve a buscarse a sí mismas, defenderse ante los embates que desean su disolución, y alegrarse porque son fuente de vida, de verdadera vida.

2 comentarios:

Daniel Morales dijo...

chamo muy bueno el comentario y tu escrito yna buena evangelizacion para las familias

Sergio dijo...

Disculpa, Daniel, la respuesta tan atrasada. Agradezco que me leas, ya te he estado leyendo, y espero poner pronto un enlace a tu blog y que tú pongas uno al mío.
Bendiciones para ti, y alabanza al Dios que nos llama y nos llena de su gracia todos los días.