miércoles, 25 de febrero de 2009

Letras

Letras
Sergio Pérez Portilla

Escribo contra toda esperanza.
Quisiera que una tarde de octubre la belleza cotidiana se viera desbordada por una puesta sin igual, y la noche trajera mil luciérnagas en su vestido negro y largo, de mil usos pero siempre nuevo. La mañana siguiente tendría que ser irremediablemente cristalina, y cantaría con luces y abrazaría con la tibieza de la sonrisa del rocío en las alas verdes de las mariposas que no vuelan, que permanecen en el jardín.
Aquellos días de octubre me enseñarían caminos que no conozco y me dejarían transitarlos en silencio, pero contándome con sus colores y formas cómo crecen las ilusiones y maduran los recuerdos. Esos días de octubre.
A decir verdad, hoy escribo porque aún tengo esperanza.

domingo, 22 de febrero de 2009

Desafío


Desafío
Sergio Pérez Portilla

Algunas veces me basta con evocarte, y mi memoria se encarga de regalarme tu aroma, tu voz, tus gestos y tu presencia. Pero otras tantas me es imprescindible estar a tu lado y volver así a llenarme de lo que eres y desprendes.
Los grandes planes que tenía se convierten en respuestas sin pregunta cuando las paredes cierran puertas y ventanas, cuando simplemente acaba todo.
Lo seguiré intentando, seguro que lo haré. Pero en el remoto caso de que muera mi esperanza antes de convertirse en la doncella que baja por las escalinatas del palacio, procuraré haberte olvidado. Serás un
flatus vocis.
Te buscaré, poesía, evocaré los momentos que dejaron tu huella en mí, y también iré tras tu estela, esperando alcanzarte. Intentaré que la esperanza que agoniza se renueve como agua del río que corre sin parar, y que no para hasta que acrecienta el mar.

martes, 17 de febrero de 2009

Sendas

Sendas
Sergio Pérez Portilla

Me he cobijado con la estela y con la lluvia, y el inagotable viento me ha limpiado de todo recuerdo de dolor. Me acompaña una pequeña duda, pero van conmigo un millón de luces y de suaves y dulces fragancias. Hace un año ya.
Imagino sus miradas y deduzco sus pensares, sus nostalgias y sus notables reticencias. Los pasos han creado esta senda que hoy devoro. Mis pasos han gastado letras e ideas. Debo andar, avanzar, pero no tan lento que me haga distraerme del destino que elegí hace años, ni con tanta prisa que no pueda disfrutar lo que estos días me obsequia la verdad.
En mi bolsa llevo tu voz, la que me habló y me sigue hablando. En mi corazón está grabado el momento que iluminó toda mi vida.
Brindo por los años que vienen, en los que la ola crecerá y cubrirá la playa y mojará la arena. Brindo por la nube que viajará de sobre mí a cualquier lugar. Confío en que algún día puedan las estrellas conocer a los mortales.
Hace tantos años ya.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sueños


De caminatas
Sergio Pérez Portilla

Si detengo mi camino es únicamente para esperarte, para que me alcances pues he avanzado a grandes pasos, y olvidé que no iba solo. Si retengo el recuerdo en mis ojos cerrados es sólo para que al abrirlos vuelen e iluminen mi presente. Que se levanten no significa que me dejen, siempre lo he sabido, guirnalda.
Mira los vestigios que dejaron la prehistoria y el ocaso, observa la influencia de los mares en la arena, y de la tierra en los valles. Campos de trigo, cielos lejanos, noches con luna y estrellas como abejas.
¿He de mentirte? No, hoy no. Hoy simplemente caminemos.

martes, 3 de febrero de 2009

Saludo

Hola a todos.
Una disculpa por la demora. Espero que mis tardanzas no influyan demasiado (porque sé que sí lo hacen) en la habitualidad de la lectura de este pequeño mundo letrado.
Les ofrezco hoy dos reseñas que envié a Palábrate, ya saben, del SAX.
Mando un fuerte abrazo a todos, y también agradezco que ya estemos cerca (a punto, a punto) de las 3000 visitas. Confío en que algún día celebremos muchas más.
Nos vemos pronto.
Atte. Sergio Pérez Portilla.

Carlos Ruíz Zafón

Una novela para adultos
Sergio Pérez Portilla

La sombra del viento (Planeta, Barcelona, 2004, 36 ed., 576 pp.) es una novela de la cual su autor, Carlos Ruiz Zafón, ha dicho que es para adultos. Pero no malinterpreten. Lo que pasa es que anteriormente había escrito una trilogía de novelas juveniles, y entonces por adultos se refiere más a la madurez bio-psicológica del destinatario que a cualquier otra cosa. Malpensados.
Ruiz Zafón, español radicado en Estados Unidos, escritor leído y premiado en los tiempos corrientes, ha sabido crear una atmósfera verdaderamente inquietante, por decir lo menos, pero inquietante en el sentido de que hace que el lector esté buscando cómo resolver la incógnita que el protagonista del libro, Daniel Sempere, a su vez intenta desvelar: ¿quién es Julián Carax?
Ambientada en la Barcelona de inicios del siglo XX, la historia de un adolescente que es llevado por su padre a un denominado cementerio de libros a elegir y, de esta manera, salvar un libro del olvido, es desde el inicio una trama perfectamente bien argumentada.
Se dice que si al preguntarte por una obra recuerdas al menos un par de momentos dentro de ella que llamaron poderosamente tu atención, es que en realidad ha valido la pena. De La sombra del viento recuerdo por lo menos diez, pero no los debo decir, eso es para ustedes.
Al final, sólo podemos preguntarnos: con el paso del tiempo, ¿mueren las obras o mueren los autores?
La propuesta de Zafón es un tanto ambiciosa. La pluma de Zafón es genial.

Nouwen

Buenos ministros
Sergio Pérez Portilla

Los ministerios son servicios que brotan de una comunidad con la intención de solventar las necesidades de la misma. Surgen de ella, en ella y para ella. Un ministro, por su parte, es el encargado de guiar el ministerio.
Henri J. Nouwen (1932-1996) comprendió perfectamente cuál era la misión del ministro y, a partir de ahí, la visión que debía tener. En
Un ministerio creativo (PPC, Madrid, 1998, 165 pp.) nos presenta las necesidades de una verdadera actividad ministerial, guiado por una impostergable actitud creadora e innovadora.
¿Cuál es el problema al que se enfrentan los ministros, según Nouwen? El problema radica en que “muchos de esos hombres han dado tanto de sí mismos en sus actividades pastorales diarias, a menudo tan absorbentes, que se sienten vacíos, exhaustos, cansados, y, muchas veces, desilusionados”, por lo que su ministerio se ve impregnado por su condición.
De acuerdo con ese análisis, los puntos en los que se debe prestar atención primordialmente son cinco: a) la enseñanza, b) la predicación, c) el cuidado pastoral individual, d) la organización, y e) la celebración. En cada uno de ellos se debe hacer un cambio de perspectiva para que el servicio sea fructífero. La enseñanza debe ser redentora, más que violenta o fría transmisión de datos; la predicación debe ser mucho más que volver a contar una historia conocida que ya no dice nada, sino que el predicador debe abajarse y estar con el pueblo, diríamos en una palabra, debe dar testimonio; para la atención pastoral se busca más que una hábil respuesta, una verdadera negación de sí mismo para dejar a Dios actuar a través de él; la organización no redunda en estructuras, sino en la relación entre el hombre que vive en una sociedad y a la vez tiene una interioridad; y la celebración, por último, tiene mucho más que ver con la obediencia que hace partícipes del reino de los cielos, que con el ritualismo.
Sobra decir que la lectura se vuelve fluida y amena. Un libro más que recomendamos para leer en una tarde y con un café.

miércoles, 7 de enero de 2009

Locura

Para la historia
Sergio Pérez Portilla

Hoy quisiera levantar un monumento a tu locura, amigo, porque sin ella no habría conocido los aires fríos de la montaña ni los atardeceres en la playa. Tampoco sabría de confianza ni de lealtad, y quizá la libertad seguiría siendo utopía.
Tu locura fue el faro que me guió en la noche y la campana que me llamó en el día de mis extravíos. Ella me hizo soñar lo que vivía y vivir lo que soñaba.
Cuando la jornada acaba, es evidente que hemos reído, lo sabe nuestro cuerpo y lo sabe nuestra alma.
No estoy despidiéndome, amigo, no podría hacerlo. Es solo que no quiero dejar correr los días sin agradecerte por la alegría que en estos años me ha inundado. No conozco el momento de mi muerte, pero créeme que tampoco la estoy buscando. Ya te veo sonriendo por mis palabras, y déjame decirte que en realidad esto es reflejo de lo que de ti he aprendido: aprendí que la locura con la que vives, es más sabia que la cordura que obliga.


lunes, 5 de enero de 2009

Sentados

La danza de los siglos
Sergio Pérez Portilla

Evidente me resulta ahora lo que ayer se escondía de mi razón. El eco de los secretos que los libros me dijeron se escucha en mi interior, y se confunde tu aroma con el perfume del olvido y con la esencia del recuerdo. Ha cambiado todo, y la mayoría de estos cambios yo los produje con mis decisiones. No me arrepiento. Por ellos crecí y me di cuenta de que no siempre tuve la razón, pero eso me hizo madurar, dejar de ser tan egoísta, tan soberbio. Hubo, por supuesto, cambios que no busqué, cambios que simplemente me encontraron. Tampoco los alejé. Quizá no los entendí pero intenté que fueran para bien.
Hay telarañas por toda la casa. Es gracioso, se ve más desgastada ahora que nadie la habita, y cuando estábamos aquí parecía ser eterna a pesar de nuestras locuras. No cabe duda, los siglos han danzado, los soles han hablado, las lunas han muerto y vuelto a nacer. No cabe duda, estabas ante mí y no te pude ver.

Epifanía

¡Hola, feliz año nuevo 2009! Les comparto hoy este artículo que publicamos en Concilio, el domingo 4 de enero. Ya saben, cualquier comentario será para crecer. ¡Gracias por seguir compartiendo!

De magos, bautizos y bodas
Sergio Pérez Portilla

En el día a día vamos conociendo, a veces de manera superficial y otras, las menos, de manera íntima, a muchas personas. Pero lo cierto es que conocemos sobre todo lo que ellas mismas dicen de sí. El cómo somos, el qué pensamos, el qué sentimos, todas estas dimensiones internas se ven reflejadas en nuestros actos, aunque no pocas veces actuamos tratando de esconder precisamente lo que somos, pensamos o sentimos. Desde ahora lo advertiremos, pero por el momento nos interesaremos en lo que dijimos al principio: conocemos de las personas su forma de ser, pensar y sentir, según lo que cada una de ellas expresa de sí misma.

Por otro lado, los cristianos católicos celebramos hoy la fiesta de la Epifanía del Señor, ¿y qué es esta fiesta? No es otra cosa sino la expresión del ser de Dios según lo que ha querido revelarnos de sí mismo en Cristo, su Hijo, o más concretamente, el cómo se ha manifestado Jesús a todos los pueblos y, mediante su propia manifestación, el conocimiento de la voluntad salvadora del Padre eterno. Son tres los momentos que la Epifanía recoge, pero algunos más le dan peso a esta fiesta: en primer lugar tenemos a los magos de Oriente que le traen al pequeño recién nacido ofrendas por reconocer en él al rey. El relato es de la mayoría conocido. La Iglesia ha visto en este gesto el alcance universal de la salvación por Cristo, pues los magos representan a todas las naciones fuera de Israel. Es el pueblo santo el elegido para ser el centro desde donde irradie la luz que llegará a todo lugar.

El segundo momento es el bautismo de Jesús en el Jordán, por Juan el bautista. Y es precisamente cuando Jesús ha sido bautizado que encontramos esa manifestación de lo que él es: una voz desde lo alto dice “Este es mi hijo amado”. La voz no es sino del Creador de todo y Padre de todos. Se revela que Jesús no es solamente un hombre más, sino también el Hijo de Dios. Y el tercer momento está en el también conocido pasaje de las bodas de Caná, lugar donde Jesús transforma el agua en vino. San Juan es muy concreto: fue el primero de los signos de Jesús, gracias al cual manifestó su gloria y sus discípulos depositaron su fe en él.
Cristo es el Dios único que se hizo hombre, y como tal asumió nuestra naturaleza desde la más absoluta fragilidad y dependencia, fue un niño pequeño que necesitó de sus padres para poder llegar a ser el hombre fuerte y decidido que entregó, libremente, su vida por toda la humanidad. Poco a poco se manifestó a nosotros, y aunque en reiteradas ocasiones quedó muy lejos de lo normal según nuestras formas de pensar, simplemente fuimos conociéndolo. Conocimos su forma de ser, pensar y sentir, según su vida misma y según esos momentos que quedaron grabados en todos. Cristo es el Dios único que se hizo hombre, y que siendo como nosotros manifestó su divinidad.

A todas aquellas personas con las que convivimos, cada vez que interactuamos con ellas les estamos pidiendo de muchas formas que nos digan quiénes son: les preguntamos sus gustos, disgusto e indiferencias; sus sueños, sus logros, sus ideales y su historia; les preguntamos todo porque a final de cuentas lo que nos interesa es saber quiénes son. A él, al pequeño de Belén, al hombre del Jordán y de Caná, también le pedimos que nos diga quién es, y él, él siempre, poco a poco, se va dejando conocer.

martes, 30 de diciembre de 2008

Nacimientos

Hola a todos. Por miles de circunstancias no he subido escritos últimamente, aunque de hecho es evidente. Incluso ahora subiré un artículo sobre la Navidad. Ya sé que el 25 (noche del 24) ya pasó, pero tomaré como pretexto que en la liturgia todavía estamos en el tiempo de la natividad, así que aquí les dejo este texto, y prometo, ahora sí lo prometo, subir más escritos próximamente. Gracias, y un saludo a todos.

La necesidad de la Navidad
Sergio Pérez Portilla

Todo comenzó con el frío, aunque, a decir verdad, en nuestra bella ciudad las temperaturas bajas no son novedad. Y después vendrá la noche, la noche más extraordinaria, la noche del milagro.

Empezó diciembre y trajo consigo unas ciertas ondas gélidas, y todos nos abrigamos y nos reunimos en torno al calor humano, con nochebuenas por doquier. Como cristianos, también tomamos algunas medidas de preparación: es el tiempo del Adviento, el que precede a la Navidad. Adviento que significa llegada, más que espera, pero siempre es un
lo que está en función de lo que estará. Un tiempo de profunda reflexión.

Ahora, estamos a unos cuantos días de la noche que dividió la historia, que abrió las entrañas que estaban cerradas y que trajo consigo la plenitud de los tiempos. Es la noche en que el amor del Padre se hace evidente. Pero esto debemos dialogarlo.

Los cristianos –no todos, eso es cierto– celebran, y rememoran, en la noche del 24 de diciembre el nacimiento de Jesús de Nazaret, el hijo de María engendrado en ella por el Espíritu santo. Dejando a un lado las cuestiones de si fue ese día o no, puesto que no es el momento, queremos más bien abundar sobre la necesidad de que naciera el pequeño del pesebre. El hombre tiene dentro de sí el anhelo de libertad plena, de felicidad perfecta y de existencia ilimitada. Pero por su misma constitución no puede alcanzar ninguna de ellas, pues aunque está en vías de perfeccionamiento y cada día que pasa va creciendo, no cuenta con la capacidad activa de lograr esos fines. Más aún, por males y azares, un sinnúmero de veces en lugar de avanzar se estanca o retrocede. ¿Cómo, pues, continuar cuando esto pasa? Todavía más, ¿cómo dar ese salto de lo limitado a lo ilimitado? Una barrera para él infranqueable se forma en derredor suyo.

Pero entonces aparece uno, que es hijo de hombres pero también es hijo de Dios, que puede ofrecerle la satisfacción verdadera de todos sus anhelos. Si ese que se presenta fuera sólo un hombre, entonces no podría ofrecer más de lo que cualquiera de nosotros puede hacerlo, pero de igual forma, si sólo –perdón por este sólo– fuera Dios, no podría sin más dar al hombre lo que él mismo ha decidido que tiene que ser un trabajo de dos. Dios, al respetar la libertad y la naturaleza inmanentes del hombre, está respetándose a sí mismo, y por ello puede y debe el hombre alcanzar la libertad plena y la naturaleza trascendente a la que está llamado una vez que se le ha dado la gracia necesaria para hacerlo. Se necesitaba de Dios, sí, pero de Dios hecho hombre, para que el hombre pudiera realizarse, y alcanzar la libertad plena, la felicidad perfecta y la existencia ilimitada. De esta forma, la necesidad de que naciera el hijo de Dios queda patente, y es una necesidad no instrumental sino sustancial.

Estaremos recordando y celebrando la llegada del pequeño del pesebre, su nacimiento que, como hemos dicho, ha dividido a la historia: la historia no podría dividirse por sí misma, sólo algo ajeno a ella podría hacerlo. Dios, que no es historia, se hace historia para nuestra salvación. El único hijo por naturaleza de Dios, su logos –palabra increíblemente difícil de definir–, nos ha dado la oportunidad de ser hijos adoptivos y amados del Creador. O como podríamos resumir en una frase: el hijo de Dios se ha hecho hijo de los hombres, para que los hijos de los hombres pudiéramos llegar a ser hijos de Dios.

El frío se irá con la llegada de Jesucristo, quien no sólo nos dará calor, sino que también nos enseñará a permanecer unidos para soportar y continuar. Y la noche, por su parte, se verá iluminada por la luz magnífica, preciosa, del que es, sin más, la verdadera Luz.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Tiempo después

Serenata
Sergio Pérez Portilla

Todavía no termino de ver la luna en tu pelo y ese viento vagabundo se aparece con tu aroma. Las hojas del almendro de flores blancas danzan con tu voz, lentas, siluetas de mil y un sueños. Sentada y sencilla me cuentas tus lugares y tus tiempos, tu vida y tu sangre. Sonríes, volteas, te quedas callada y de repente vuelves a cantar.
He logrado aprender tus líneas de tanto verte, podría jurar que terminaré aprendiendo también tus miedos, pero no dejaré que ninguno te seduzca.
Laguna de reflejos de estrellas, sé mi recuerdo y mi presente en esta noche, déjame esconder la aurora en tu tranquilidad, déjame de nuevo verte antes de marchar.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Paloma

Viandantes
Sergio Pérez Portilla

Si me dieras un poco de tu brisa, un segundo de tu tarde y un color de tu arcoíris…
El barro ha sido moldeado, cocido, pintado, y aun así se puede romper. ¿Qué se mantendrá de pie después de la tormenta? ¡No todo puede perderse! Caos y confusión. Tohu vabohu. Caos y confusión.
¿Todo en orden? No. ¿Todo al azar? De ninguna manera. Es todo en movimiento. Un fluir constante agarrado de un permanecer sin condiciones. Y todo río es llamado por el mar, pero hay muchos que su cauce se extravía, por ellos o por otros. Hay unos más que poco a poco disminuyen su paso y desaparecen en medio de las piedras, a un lado de la tierra. ¡Pero sin duda hay cientos más que día a día están llegando al encuentro!
Ríos peregrinos reunidos en un único mar.
Acompáñame a través de las piedras, busquemos al mar que nos espera. Dame un poco de tu brisa, un segundo de tu tarde y un color de tu arcoíris, para ser contigo calma, eternidad y razón.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Reseña

Hola. Les comparto otra reseña que hice para la misma publicación Palábrate, del SAX. Ya escribí la tercera, así que próximamente la tendremos por acá, y espero subir más textos por estos días. ¡Un saludo y un abrazo enorme a todos!





¿Cómo es el Reino de Dios?
Sergio Pérez Portilla

La mayoría de los hombres y mujeres han escuchado o leído alguna de las parábolas que aparecen en los evangelios, y que se atribuyen a Jesús de Nazareth. En ellas se encuentra gran parte de la riqueza espiritual del cristiano, pues partiendo de la vida diaria se logra, unas veces, encontrar desde la fe el sentido de lo que acontece y, otras, contemplar el rostro más cotidiano de Dios.
Thomas Keating (Nueva York, 1923), monje trapense (Orden cisterciense de la más estricta observancia, OCSO), es un reconocido maestro de oración contemplativa, fundador del movimiento Oración centrante y de la organización Dimensión contemplativa, y a través de sus numerosos escritos y presentaciones ha puesto al alcance de los cristianos de hoy la tradición cristiana de la contemplación.
En su libro
El reino de Dios es como… Reflexiones sobre las parábolas y los dichos de Jesús (Desclée De Brower, Bilbao, 19992, 134 pp.), el padre Keating presenta una serie de reflexiones –nacieron, de hecho, como homilías– sobre las parábolas que tratan del Reino mostrándolas como un auténtico camino de liberación que parte de la inversión de valores. Esta liberación de todo lo que nos han –y hemos– programado, de todo plan de vida que en lugar de guiar encarcela, de toda visión meramente parcial, llega a ser el gozne que cede al suave empuje del descubrimiento del Reino de Dios en lo más sencillo, lo más común, lo más ordinario, más que en aquello que rara vez ocurre.
De esta forma Keating nos presenta, en una suerte de revolución, una nueva perspectiva interpretativa de las parábolas con la intención de acercarnos a Dios a través de las palabras de Cristo, pues, como él dice, “la parábola de Jesús implica que si aceptamos al Dios de la vida cotidiana, podemos encontrar a Dios en la vida cotidiana”.

Además...

Todo lo escrito
Sergio Pérez Portilla

Hoy leí la carta que me enviaste las primeras vacaciones, ¿la recuerdas? La que escribiste con tu lapicero azul, el que tenía forma de todo, menos de lapicero. ¡Cómo me hizo bien volver a tenerla en mis manos! Tú sabes que la guardé mucho tiempo porque era mi tesoro. Pero me di cuenta de que de nada valía un tesoro, por inmenso que fuera, encerrado y por momentos olvidado. Así que la liberé de su prisión y la leí y la disfruté. Después me recosté para dejar volar mis ideas, e inventé muchos finales a nuestra historia.
Me doy cuenta de que no todo tiene que cambiar así como lo nuestro cambió. Hay situaciones que tienen que hacerlo, ser completamente diferentes. Pero hay muchas en las que no es necesario cerrar un ciclo, sino perfeccionar su camino. Elevarlo más que anudarlo. Sublimarlo más que enterrarlo.
Hoy la historia ya está contada. Sabemos el final. Lo sé y sin embargo, aunque no me gusta, no intento cambiarlo porque decidí y decidiste, y respetar lo que pasó es respetarnos a ambos.
¿Podría haber un tal vez? No lo sé. Sólo sé que todo lo que he escrito, todo lo escrito le da razón a mi disnea y luz a mi afasia.

martes, 11 de noviembre de 2008

De regreso


La memoria de los vientos
Sergio Pérez Portilla

Cuelga de mi ventana la mañana con listones color belleza, y me parece ver a través de ella un pequeño persiguiendo vientos con su sonrisa, y para mi sorpresa los alcanza, los toma entre sus ojos y luego los libera, y son más libres de lo que antes eran. Viento entre sus ojos.
En un arrebato más bien ingenuo me levanto y salgo, y ya fuera comienzo a buscar al infante. Lo veo a lo lejos, persiguiendo ahora un par de nubes. Va montado en sus sueños y es imposible alcanzarlo. Por un momento me siento, no sé, extraño. Levanto mi mirada y veo que el viento juguetea entre los árboles y después se esconde, pero vuelve a salir y ahora juega con las mariposas y las aves.
Quizá nunca me he atrevido a ir más allá, pienso, a ser más yo por mí que por los demás, pero siempre más yo para ellos que para mí. He hecho demasiadas cosas mal. Entonces preparo mi sonrisa para ir a perseguir vientos, de los que siempre me dijeron que nadie podría alcanzar. Pero yo he visto al niño alcanzarlos con tanta facilidad, que mi corazón me dice que yo también puedo. Quiero correr pero sólo me salen dos pasos y me detengo. Otra vez el ayer. Mis ojos se humedecen, pero recuerdo los del pequeño, los que tomaron al viento, y mis manos dejan de apretar mis anhelos, se abren y me siento de nueva cuenta animado, no sé, me siento feliz.
Ahora no sólo quiero correr, ahora no sólo son dos pasos, ahora mis ojos están preparados, ¡estoy corriendo tras los vientos!

lunes, 3 de noviembre de 2008

Hadas

Hadas
Sergio Pérez Portilla

Las aves revolotean y tú duermes, y sus giros semejan tus ojos cuando sonríes, y su canto se parece al susurro que se oye cada mañana tibia, cuando los primeros rayos de la estrella amarilla tocan a nuestra puerta.
Tu sueño es misterioso, es como la mano cerrada o como el silencio y la sombra. Y me asombras.
¿Quién habrá bordado en el aire tu silueta? ¿Cuándo te soñé y te hiciste realidad?
Una lámpara encendida y otra sin su luz. Un ruido de cascada dentro de mi habitación. Un espejo en la esquina, donde nadie se puede ver. Es hora de tu salida, es hora de leerte un cuento, de darte un abrazo, de despertar y después abrir los ojos.
¿Quién habrá llorado como lloran las quimeras?

Contigo

Contigo
Sergio Pérez Portilla

Amo la forma en que me miras, como si buscaras un tesoro en mis ojos cafés, o como si quisieras simplemente entrar en ellos.
Amo la forma en que me hablas cuando debes decirme algo muy serio, y la forma en la que ni siquiera puedes hablar por la risa que te he causado.
Amo tu piel, tus manos cuando tocan las mías, tu manera de distraerte y tu aroma inconfundible. Amo tu aroma y lo recuerdo todos los días.
Amo tu voz, sincera y serena en medio de chubascos, fuerte en la oscuridad y transparente en el aire.
Te amo poco a poco, pero te amo muchísimo.
Te amo, y amé el momento en que supe que tú también lo hacías, y amo los momentos en los que me demuestras que mis sueños se realizaron en ti, contigo…

viernes, 31 de octubre de 2008

Reseña

Hola a todos. En esta ocasión comparto una reseña que se publicó en el primer número de Palábrate, revista interna del Seminario de Xalapa. El tema resulta paralelo a las fechas que celebramos este fin de semana (1 y 2 de noviembre). Espero que les resulte amena, y pronto compartiremos algunos escritos más. Gracias por todo.

Atte. Sergio Pérez Portilla


Para pensar la muerte
Sergio Pérez Portilla

¿Se puede hacer un verdadero discurso sobre la muerte? ¿No es acaso algo tan distinto a lo que podemos conocer –que no tan lejano, en muchos aspectos– que ni siquiera podemos hacernos una verdadera idea sobre ella? Vladimir Jankélévitch, filósofo francés (Bourges 1903-París 1985), escribió sobre la muerte, allá por 1966, y esto dio paso a una serie de entrevistas, de las cuales cuatro se encuentran en el libro aquí reseñado.
En Pensar la muerte (FCE, Buenos Aires, 20062, 131 pp.) encontramos algunas tesis importantes: a) existen 3 tipos de muerte: i) la muerte en tercera persona, la de no importa quién, del que no conozco y por tanto no influye en mí; ii) la muerte en segunda persona, la más parecida a la mía sin ser la mía, y ésta sí afecta sentimientos y pensamientos; y iii) la muerte en primera persona, la mía, de la que no puedo hablar en absoluto porque es mi muerte; b) no se puede hacer un verdadero estudio sobre la muerte, pues, aunque parezca irrisorio por lo que ya hemos dicho, cuando se experimenta ya no se tiene un después; c) la muerte no es una transformación, sino el pasaje a la ausencia de forma; d) el lenguaje no está hecho para expresar la muerte porque aquél se basa en la experiencia; e) nunca es necesario morir y sin embargo un día hay que hacerlo. Si bien Jankélévitch es filósofo, también es cierto que se auxilia de las perspectivas antropológica, sociológica y religiosa, primordialmente, para elaborar su propuesta.
Un libro interesante por la temática y muy bueno por la “invitación forzosa” a la crítica objetiva que, incluso, podríamos decir que se adelantó a la reflexión que vemos en nuestros días.

jueves, 30 de octubre de 2008

Antes de la comida

De vuelta
Sergio Pérez Portilla

Apenas me es posible ver tu silueta. Me recuerdas a los barcos que se alejan y son devorados por el horizonte, por el espejismo del azul de niebla. Te vas, pero no es para siempre, has prometido volver, y yo te he creído. Así que a partir de este momento prepararé todo para tu regreso. Escribiré todo lo que pase por aquí, y te lo leeré cuando estés de vuelta, mientras estemos sentados en la alfombra, recargados en el sofá. Prepararía algún exquisito platillo para decirte todo lo que te extrañé, pero nunca he sabido cocinar. Así que pediremos pizza y tomaremos un buen vino tinto.
Después, después quizá te vuelva a abrazar para saber que estás a mi lado.

viernes, 24 de octubre de 2008

BN

Ojos antiguos
Sergio Pérez Portilla

Hoy soñaré con tus ojos, pero los quiero soñar en blanco y negro. Soñaré que estamos juntos, pero tú ves hacia el oeste mientras yo veo tus ojos en blanco y negro. Es tan rápido tu parpadear que se confunde con el aleteo del colibrí de 7 colores que ha pasado veloz, que sólo se detuvo a libar de tus ojos, pero al verlos en blanco y negro se marchó, difuminándose en el marco borroso e indiferente de mi sueño.
Ahora tus ojos en blanco y negro murmuran tu alegría; ahora gritan tu cansancio; ahora gimen tu dolor. Vuelves a parpadear y ya tienes junto a tus ojos el rocío y el vapor. No, no puedo dejar de verlos. Son tan simples así, en blanco y negro, que puedo abarcarlos con los míos.
He despertado, tus ojos ya no ven hacia el oeste sino hacia los míos. Ya no son blanco y negro, ahora son eternos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Fiesta


Libertad
Sergio Pérez Portilla

A los pocos días de haber nacido, la canción sigue llenando la casa. Es eco de almas y cuerdas, sonrisa de los cuatro vientos y soledad ausente, es inspiración y suspiro casi invisible, casi incoloro, casi eterno. Antes de que el veneno baje por mi garganta deseo escribir otra canción. Antes de que mis entrañas dejen de conmoverse, antes, mucho antes de que la tierra me reciba, antes de que la noche sea eterna, quisiera escuchar las melodías de la pródiga sensación de bienestar.
¿Qué etéreos momentos te convencieron de la mentira? Derribemos sus murallas caminando alrededor de la prisión. Liberemos la verdad, para que la verdad nos haga libres, pues sólo libres es que podemos cantar, celebrar, regocijarnos sin miedos.

Lunes


No es un adiós
Sergio Pérez Portilla

Siempre me he preguntado cómo debería empezar un adiós, qué palabras son las únicas que le darían a ese momento su valor y su sentido. Decir adiós implica muchas cosas, por eso no quisiera decirlo como si fuera cualquier cosa, cualquier lugar, cualquier sombra. Decirte adiós nunca ha estado en mis planes, y sin embargo a veces hay que improvisar. Si te agradeciera por todo lo que hubo sería una descortesía. Si te pidiera que me disculparas abriría una posibilidad que ni remotamente debería ser. Si te dijera que el mañana luce mejor para ambos seguramente ni yo lo creería, porque lo único seguro en dicho momento es la incertidumbre.
Siempre me he preguntado cómo debería empezar un adiós, mas tengo mis esperanzas puestas en que nunca pase, en que nunca deba despedirme de ti, y sigamos juntos como hasta ahora.

lunes, 13 de octubre de 2008

13 de octubre

Dentro de mi cuarto
Sergio Pérez Portilla

Hoy ha sido un día excelente, quizá perfecto. Hoy volví a ver, volví a caminar, volví a oír y a hablar. Mis sueños se hicieron realidad. Incluso pude volver a percibir la suave caricia del viento y olí el perfume nocturno de los nardos que pueblan la campiña y la visten de blanco y crema, y también acompañé a la brisa matinal de la mano del recuerdo que emergía por el simple hecho de callar.
Mi piel se erizó por la neblina vespertina, pero al momento me acurruqué en los brazos de mis amigos y así, sin más, nuevamente el calor.
Dediqué un tiempo a la locura y otro a la fantasía; obsequié minutos a la cordura y también a la planeación seria. Cumplí con mi trabajo y me siento satisfecho.
Ahora, ahora sólo una cosa más, un pequeño pero importante detalle: decirte gracias, Señor, porque me regalas una vida y un millón de bendiciones, y a cada una de ellas la llamas con tiernos nombres. Se llaman papá, mamá, hermanos, amigos, situaciones, encuentros, despertares, responsabilidades, pensamientos, sentimientos, anhelos, hojas, aire, agua, sol, mundo. Un millón de bendiciones en una sola vida. Un millón de bendiciones en mi vida.


lunes, 6 de octubre de 2008

Así fue


Historia e historias
Sergio Pérez Portilla

Leí la contraportada del pequeño libro y alcé la mirada: ahí estaba la luna en su cuarto creciente, justo frente a mí. La vi diferente, quizá por lo que acababa de leer, quizá por lo que acababa de rememorar, por las circunstancias similares, por el latir de mi corazón, por la luz mortecina o por la distancia que increíblemente es tanta y tan poca. Esperé el autobús mientras seguía pensando en esas líneas. Era ya tarde, y sólo un joven estaba cerca de mí, pues la mujer que esperaba antes de mi llegada eligió un taxi y se fue a descansar unos minutos más. El muchacho escuchaba música con unos audífonos, y me pregunté si sería un teléfono o un reproductor de mp3 cualquiera. Le calculé unos 17 años y deduje que no hacía mucho se había despedido de su novia, que había aprovechado hasta el último momento. Su novia se habría quedado recargada en el marco de su puerta viéndolo doblar la esquina, y hasta entonces se metió a su casa y cerró con llave.

Por su parte, la mujer que se fue en taxi seguramente habría salido de trabajar un turno doble en un trabajo que paga casi la mitad de lo justo, aunque sea lo legal. Pero a esta hora no tiene muchas opciones, pues es muy probable que su casa esté en la periferia y los autobuses que van hacia allá han dejado de pasar hace mucho. El taxi le quitaría el dinero que de vez en cuando usa para un refresco o un jugo a media mañana, cuando lo poco desayunado ya ha sido digerido, y es muy temprano para comer. Pero no hay de otra, ya debe llegar a su casa.

Volví a ver el libro de pasta negra. Hoy, además, no había ni brisa ni llovizna, ni siquiera el discreto bochorno capitalino. Hoy simplemente era hoy. Pude ver a lo lejos el reflejo del semáforo, cómo cambiaba del rojo al verde y cómo los autos comenzaron a avanzar. Pocos, ciertamente, muy pocos, pero ya he dicho antes que era tarde, cerca de las once de la noche. Un coche pasó veloz junto a mí, e imaginé que quien iba en él era alguien que me veía y se preguntaba qué estaría pensando y hacia dónde iría, cuál era mi origen y mi destino, y a partir de ahí yo era parte de su historia, como lo fue la mujer del taxi de la mía, como lo fue el joven que, sentado, seguía esperando con sus audífonos. Era yo simplemente una pieza de su rompecabezas, como ella lo era de la mía.


viernes, 3 de octubre de 2008

¡Tiempo!

Como ayer
Sergio Pérez Portilla

Las tardes en los tiempos de mi niñez me parecen ya tan lejanas que estoy a punto de olvidarlas. Es cierto, he crecido y ya han pasado muchos años, pero no son recuerdos vagos por eso, sino porque hace mucho que no me divierto sin más preocupación, de hecho, que divertirme. Hoy me divierto pero pienso que mañana debo trabajar, que tengo pendientes algunos documentos, que debo elaborar tales reportes. Empiezo a preocuparme por tantas cosas que dejo de divertirme como niño.
Así que aquí estoy, a tu puerta, con este par de cometas que conseguí en no-me-preguntes-dónde-ni-cómo, y sí, lo sé, me veo ridículo con estos pantalones desgastados y esta sudadera de ningún color, pero anda, sal conmigo, vayamos a correr al campo un buen rato, riamos inocentes, elevemos nuestros sueños.

jueves, 2 de octubre de 2008

¿Tiempo?

El beso
Sergio Pérez Portilla

El reloj se ha detenido justo ahora, preciso, cómplice, caprichoso. Ni un grano cae dentro de la fortaleza de cristal. Arena de mil playas, azúcar de mil cañas, sal de mil mares. La campana contiene su tañido como el amante su suspiro, como el libro su conciencia. Se acaba la historia y comienza el presente sin ayer ni mañana.
Veo tus ojos, pero ellos son tú, en ellos está sumergida tu presencia. Verde hoja que el rocío bañó, que la araña eligió, que la pureza sembró. Verde hoja que no se secará. Ojos color anhelos, manos nobles, corazón vivo, el pequeño duerme, la esperanza crece.
Hay una sorpresa esperando, un regalo aún cerrado, un gigante sentado, una manzana en el suelo, una carta sin remitente, una lámpara encendida, un bote de pintura azul, una burbuja de oropel, una guitarra recostada, un vaso bocabajo, una estampa arrugada y un reloj, un reloj que sigue sin avanzar.

jueves, 25 de septiembre de 2008

25 de septiembre

Temblores y querencias
Sergio Pérez Portilla

Saber de ti es como un regalo, es como una tarde de otoño o una gota de perfume.
Saber de ti es como ver al cielo y encontrar los cantos que he olvidado, y escucharlos nuevamente con las manos quietas, con las rodillas sobrias.
Todos los días quisiera escuchar de ti, pero a veces mis gritos son sólo susurros ahogados, sollozos inundados de ansia y respeto.
Van cerca de mil años ya que estoy esperando una certeza, una palabra, una llamada; y es casi seguro que pasen mil más, antes de que suceda, antes de que pueda verte a través del algodón y del verde, del claroscuro pensamiento y la trillada frase, aunque esto ya será algo.
Te espero, de verdad lo hago. No sabes cómo quisiera saber de ti.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Visiones

Tiempo soñado
Sergio Pérez Portilla

¿Volveré a verte? ¿Volveré a encontrarte por el camino como la primera vez, cuando escuché tu nombre en tu voz y lo repetí para no olvidarlo? Ni el sol ni las rosas se comparaban contigo, y tu cabello rizado y oscuro alrededor de tu cara cantaba y era ola de mar nocturno.
Aunque hubiera querido detenerme junto a ti sin hablar, sólo viendo tu sonrisa y tu blanca piel, aunque hubiera querido…
En la misma calle te encontré cerca de dos meses después, y hablamos y nos tomamos las manos. Pregunté y preguntaste, respondimos entre risas nerviosas.
Pero ya hace más de un año que no te veo, que no te encuentro. Y mientras pasa el tiempo y no te olvido, sigo preguntándome si volveré a verte.

Teología de la liberación

Hola, un saludo afectuoso a todos. Les comparto este escrito, publicado el 21 de septiembre en la página de Concilio. En mi espacio he publicado una versión con algunos añadidos y con un par de referencias, así que los invito a leerlo también.

¡Nos vemos pronto!

ATTE. Sergio Pérez Portilla.





Pobreza y cristianismo: Teología de la liberación
Sergio Pérez Portilla

El Concilio Vaticano II trajo consigo un revuelo en la Iglesia, tal como pasa con toda novedad. Algunos se mostraron conservadores y otros mucho más abiertos ante los planteamientos de este gran concejo. Comenzó en el año 1962 y concluyó en 1965. A la par de este concilio, un sacerdote de Perú, Gustavo Gutiérrez, ya reflexionaba sobre la realidad de la violencia y la pobreza en Latinoamérica. Tres años después, a la luz e inspiración del Vaticano II, la segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, Colombia, hizo patente la opción que al final del concilio, según cuenta Leonardo Boff, tomaron 40 obispos en las catacumbas de santa Domitila, a las afueras de Roma: la opción por los pobres.
En realidad, la Iglesia enseña que la opción por los pobres es su elección preferencial, que no exclusiva, a la luz de Jesucristo, cabeza de esta misma Iglesia. Pero una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo.
Un año antes de la II CELAM, en 1967, Gustavo Gutiérrez habló en Montreal sobre la pobreza desde 3 perspectivas: la primera sobre la pobreza real o material, situación siempre mala; la segunda como pobreza espiritual, es decir, como infancia espiritual, ponerse confiadamente en las manos de Dios; y la tercera, es la solidaridad con los pobres pero contra la pobreza. Esto es, hacer de los pobres protagonistas de su liberación. Un año después, el 22 de julio de 1968, en Perú, el mismo padre Gutiérrez llamó a esta reflexión teológica Teología de la liberación. Así, Medellín, influenciada positivamente por la Teología de la liberación, apuntaló y dirigió la praxis de los siguientes años. Para 1973 se publicó el texto que sobre el tema escribió, circunstancialmente, Gustavo Gutiérrez: Teología de la liberación. Perspectivas.
En la III CELAM, realizada en 1979 en la ciudad de Puebla, la Teología de la liberación estaba en un momento crucial, fuerte. Esta teología, por cierto, había recordado que no podemos importar teologías que nacen en realidades culturales completamente diferentes, sino que es preciso que la teología sea desde, y no sobre: desde Latinoamérica y los pobres, por ejemplo, y no sobre América Latina y la pobreza.
Pero vino un sobresalto cuando en la IV CELAM, celebrada en Santo Domingo en 1992, todo indicaba que la Teología de la liberación había desaparecido, pues no solamente nunca se mencionó en el documento final, sino que su método (y dice Gustavo Gutiérrez que su metodología es su espiritualidad) pareció superado, como menciona Juan José Tamayo en su libro Presente y futuro de la Teología de la liberación (San Pablo, Madrid, 1994). No poco tuvo que ver la aparición de dos textos de la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la liberación (6 de agosto de 1984) y la Instrucción sobre libertad cristiana y liberación (22 de marzo de 1986). El problema fue que algunos politizaron y adjetivaron el término cristiano, cuando en realidad lo cristiano es un sustantivo, según recuerda Gutiérrez, y esto es lo que la Congregación tuvo que aclarar y distinguir: lo primero es ser cristiano.
El espíritu de la Teología de la liberación, por tanto, no había muerto. Lo podemos constatar en el documento conclusivo de la V CELAM, llevada a cabo en el reciente 2007 en Aparecida, Brasil. Quizá no se menciona de nueva cuenta el término Teología de la liberación, pero sí están presentes sus ideales: la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana (Aparecida # 146, entre otros).
Hoy, a 40 años del peregrinaje, la Teología de la liberación se mantiene. Ni es ni debe ser la única, es más, seguramente algún día morirá, en palabras de Gustavo Gutiérrez, porque morir significa ya no presentar la misma urgencia de antes, pero mientras exista, seguirá indicando un camino de santidad, porque para hacer verdadera opción por los pobres, para hacer verdadera Teología de la liberación, se debe tener la mirada puesta en Dios.