Sergio Pérez Portilla
Si me vieras con tus ojos oscuros y serenos, y con ellos me llevaras a caminar…
Me inquieta darme cuenta de la clausura que hoy se acaba, de la puerta que hoy se abre, de la búsqueda que en ti encuentra su final. Me inquieta porque no sé qué podría pasarme, o pasarte, o mejor –o peor– aún, qué podría pasarnos.
Como dice la canción: eres cielo cuando atrapas a la luna en tus pupilas…
Si me acariciaras con tu boca, si me sonrieras con ella, si me dijeras que nadie te ha pensado más que yo…
Me intriga la luz de esta habitación, la música que escucho, la fragancia que nace de madrugada, la cadencia de tus manos cuando piensas y callas.
Como dice el poeta: me gustas cuando callas…
Si me dieras un segundo de tus años y un pequeño espacio de tus miles de caminos, podríamos contarnos la misma historia y cantarnos la misma esperanza.
Imagino que nunca somos conscientes de lo que somos capaces de provocar en los demás, pero estoy seguro, por sobre todas las cosas, que nunca sabrás cuánto tú en mí. Y después de todo, por supuesto, después siempre queda la misma sensación, esa mezcla entre paz e inseguridad que nos hace caminar creyendo que podemos, pero sin saber si ese día llegará.



























